Huerto Urbano: 6 cosas que NO te recomendamos hacer

Huerto urbano

Como ya sabréis los que hayáis leído nuestros anteriores artículos sobre el tema, como éste acerca de los motivos para cultivar tu propia huerta o éste sobre cómo comenzar un huerto urbano, este año hemos montado nuestro Huerto Esencialista.

Internet es una fuente inagotable de conocimiento (y de otras cosas que no vamos a comentar ahora), y hemos tenido la suerte de encontrar mucho contenido de calidad, como por ejemplo la web de Marta Rosique y Raúl Piqueras, Plantea en Verde. Gracias a recursos como los suyos, cualquiera puede iniciarse en la agricultura en maceta, aunque no tenga ni idea (como nosotros, dummies de ciudad e ignorantes del noble arte del cultivo de la patata).

Sostenibilidad en acción: Nuestro Eco-Huerto en maceta

huerto urbano

Algún día, hijo mío, todo esto será tuyo

En nuestro último artículo sobre huertos en casa estuvimos filosofando (estuvimos dando la tabarra) sobre los motivos para cultivar en casa tus propios vegetales, y hablamos (os metimos una buena chapa) sobre las ventajas de la agricultura tradicional frente al cultivo industrializado. Como ya os hemos dado bastante la turra con la teoría, y a veces incluso así cuesta un poco saber por dónde empezar, hoy os enseñamos (¡sin filtros! ¡sin censura!) nuestro propio huerto, para que puedas tomar alguna idea y veas que es verdad y que realmente con poco espacio y cuatro macetas puedes tener un huerto productivo.

¡Vamos allá!

Sostenibilidad en tu balcón: cultivar tus propias verduras Km. 0

Empieza tu propia revolución, rábano a rábano

Desde que tengo memoria, siempre he querido tener un huerto. Me hace gracia eso de coger tu propia comida de la planta, elegirla en su punto de maduración, sacarla de la tierra poco antes de echarla a la ensalada. Además, las verduras de huerto casero no tienen nada que ver en sabor con las del supermercado, cultivadas de manera masiva en enormes extensiones, monocultivos que agotan el suelo sin aportar nada, y tan susceptibles a plagas que sólo pueden sobrevivir a base de pesticidas, insecticidas y otros «cidas» que no querrías tener en tu plato (pero ahí acaban).