Cuando el dinero sí da la felicidad

Que el dinero no da la felicidad es una de las frases que más se habrán dicho a lo largo de la historia. Sin embargo, si alguien se lo creyera, no estaríamos todos como estamos haciendo el idiota a lo largo y ancho del mundo con el único objetivo de conseguir más pasta. Pero sólo faltaría que en un blog sobre Minimalismo fuéramos a defender semejante principio, así que permitidme modular un poco la frase: el dinero no da la felicidad… cuando ya tienes suficiente.

La clave está en el concepto de “suficiente”, que varía enormemente de una persona a otra. Como hemos comentado muchas veces por aquí, la independencia financiera se alcanza cuando los ingresos (pasivos) superan a los gastos, o dicho de otro modo, la riqueza de cada uno es la diferencia entre cuánto tiene y cuánto necesita. Por desgracia, la cantidad de ingresos es difícil de manejar, porque depende de montones de factores externos (cuánto te pagan, a qué te dedicas, cuántas horas puedes dedicar a trabajar). Sin embargo, cuánto necesitas para vivir como quieres, es decir, cuánto es “suficiente”, es un concepto que es subjetivo y está en gran medida bajo tu control.

Progreso de objetivos Esencialista 2019: Segundo trimestre

Seguimos avanzando el año, sin perder de vista nuestro objetivo para reducir el gasto en 2019. Por desgracia, hemos tenido algunos gastos extra que no nos han ayudado en nuestra tarea de devolver la ingente cantidad de pasta que debemos (ejem), pero al menos hemos controlado lo que estaba en nuestra mano, que ya es algo.

Ya han pasado 6 meses, y como siempre hacemos al final de cada trimestre, vamo a revisar los 4 sub-objetivos que definimos en Enero:

Independencia Financiera: ¿el presente o el futuro de tus hijos?

Mientras escribía el otro día sobre nuestro plan de Independencia Financiera, me vino a la cabeza una idea a la que ya había dado vueltas muchas veces, aunque nunca me había sentado a pensar sobre ella con calma: ¿cómo afecta la Independencia Financiera a la vida de una familia? ¿Qué impacto tiene que los adultos de una casa dejen de ingresar dinero? ¿Qué obligación o responsabilidad real tenemos los padres de cara al futuro de nuestros hijos?

La Libertad Financiera es siempre un punto de compromiso. En determinado momento hay que decidir que ya se ha alcanzado el nivel de capital necesario, y en ese momento cortar las fuentes externas de ingresos. Decidir en qué punto dar ese corte no es sencillo y tiene muchas implicaciones, ya que determina para siempre tu futuro nivel de vida, tu margen de error y tu capacidad de resistir posibles problemas o altibajos de la economía, y con cuántos ahorros llegarás al final de tu vida. Y, evidentemente, esto tiene también un impacto directo sobre el soporte económico que podrás dar a tus hijos en el futuro, y qué tipo de cosas podrás proporcionarles.

Nuestro plan de Independencia Financiera (y porqué nunca decimos cifras)

I feel like I could… like I could… take on the world!

Si lees algún blog americano sobre Independencia Financiera (o FIRE, como se abrevia normalmente en inglés) te habrás fijado en que es muy común que los autores hablen abiertamente sobre la cantidad de dinero que tienen, o lo que en inglés se llama «net worth», que viene a ser la suma de todos los activos que posees – bien sea en cuentas, en productos financieros o en inversiones inmobiliarias. Es frecuente que comenten cómo evoluciona su capital, cuánto y como han gastado cada año, e incluso que hagan actualizaciones periódicas de cuánto ganan o pierden según se mueve la bolsa.

A mí tengo que reconocer que es un tema que me da algo de pudor comentar. Primero porque no me gusta nada el término «net worth», que en español se traduce algo así como «lo que vales» y me suena un poquito a calcular el valor de una persona en función del dinero que tiene, lo cual me da así como un poco de asco. Pero además, creo que lo bueno del concepto de la Independencia Financiera es que es un término totalmente personal y adaptado al plan de vida de cada uno, y absolutamente desvinculado de ninguna cifra en particuar.

Cuando desplazarse al trabajo no es sostenible

ir al trabajo

A veces no es sostenible, rentable ni razonable, pero no hay otra alternativa

Los seres humanos en general y los españoles en particular nos quejamos mucho del trabajo, pero algo de lo que nos lamentamos poco a pesar del impacto tan negativo que tiene en nuestras vidas es el propio desplazamiento (en inglés tienen una palabra para definir esto: commuting, que significa «desplazarse al trabajo», tal cual). En una ciudad grande, el tiempo medio empleado en llegar al lugar de trabajo es de 50 minutos, lo que significa que hay mucha gente que está aguantando trayectos incluso más largos.

Es curioso que habitualmente no se tenga en cuenta el coste que supone este desplazamiento. Y no es poco, porque es además un coste con varias vertientes:

Minimalismo: qué es, qué no es, y cómo adaptarlo a tu vida

¡Nadie dijo que fuera a ser sencillo!

Con esto de ser Esencialista y tal, últimamente leemos mucho sobre minimalismo. Artículos en blogs, cuentas de Instagram, libros, documentales… parece que todo el mundo tiene algo que opinar sobre el tema. Como es natural, nuestra intención era la de encajar nuestro estilo de vida en los cuatro conceptos clave que nos definen: Minimalismo, Libertad Financiera, Ahorro y Sostenibilidad. Y sin embargo, cuanto más investigábamos sobre esto, más dudas empezaba a tener sobre si realmente eran conceptos intrínsecamente relacionados. ¿Es una vida minimalista necesariamente sostenible? ¿Es el ahorro una consecuencia directa de aplicar el minimalismo a todas tus decisiones? Nos ayuda a avanzar en el camino hacia la Independencia Financiera?

Estaba dándole vueltas a esto cuando me encontré por casualidad con este artículo. En él, los chicos de Vivir sin Plástico se plantean las mismas preguntas: ¿es sostenible tirar cosas que realmente puedes seguir usando? ¿Es minimalista el guardar cosas que puedes reusar a futuro, con el objetivo de evitar compras adicionales? ¿Cómo podemos combinar estos conceptos y ponerlos en práctica en el día a día?

Dar el salto al minimalismo. Segunda parte: el proceso

De los creadores de «Primera parte: el motivo», ahora llega la segunda parte: «¿cómo coj**** lo hago?»

Si leíste nuestro primer artículo sobre la decisión inicial de pasarte al minimalismo, es posible que ahora te estés planteando cómo dar ese salto. A fin de cuentas, no es fácil: tras una vida entera acumulando cosas, no es sencillo cambiar por completo de hábitos. O tal vez ya lo has hecho, y en ese caso probablemente te reconocerás en estas líneas.

A grandes rasgos, para adoptar un estilo de vida minimalista hay que atacar en dos frentes:

  • Eliminar todo el exceso acumulado para quedarte sólo con lo esencial
  • Dejar de comprar y acumular nuevas cosas

Ambos requieren un esfuerzo importante, pero tienen enfoques muy diferentes: mientras que eliminar requiere un esfuerzo mental y es un trabajo que hay que ejecutar una sola vez, dejar de comprar supone un cambio de actitud que afecta a tu vida tal y como la has estado viviendo hasta ahora. Lo bueno es que una vez eliminado todo lo superfluo, la sensación de paz que conlleva te quita bastante las ganas de acumular de nuevo. Así que nosotros recomendamos abordar primero la fase de eliminar, y una vez completado incorporar el cambio que supone dejar de comprar.

Ahorrar en suministros

Una vez conocí a un tío que no tenía agua corriente en casa y se la llevaba del trabajo en garrafas. Aquí te damos algunos consejos menos cutres para ahorrar en suministros

Los suministros (electricidad, agua, gas) son los típicos gastos que erosionan el ahorro mes a mes. Y por tanto intentar que sean lo más bajos posibles debe ser el objetivo de cualquier Esencialista.

Y es que, como ya comentamos en el post de Pensando en Interés Compuesto, un ahorro recurrente puede convertirse en el futuro en una cifra muy importante. 10 euros al mes pueden parecer muy poco, pero bien invertidos pueden ser más de 8.000 euros dentro de 20 años.

Ahorrar agua y energía es posible (con el grifo adecuado)

Pista: no, el de la foto no es el adecuado

Jamás me había planteado que un grifo fuera algo a lo que dedicar más de un minuto de reflexión, hasta que hicimos la reforma de nuestra casa. Para mí, un grifo era un objeto que accionando un mecanismo producía agua, punto (bueno, para ser justos, sí veía una diferencia sustancial entre uno monomando y uno antiguo con dos manetas separadas para agua fría y caliente, pero poco más).

Así que cuando llegó la hora de elegir qué grifos poner, la conversación fue más o menos así: