Dar el salto al minimalismo. Segunda parte: el proceso

De los creadores de «Primera parte: el motivo», ahora llega la segunda parte: «¿cómo coj**** lo hago?»

Si leíste nuestro primer artículo sobre la decisión inicial de pasarte al minimalismo, es posible que ahora te estés planteando cómo dar ese salto. A fin de cuentas, no es fácil: tras una vida entera acumulando cosas, no es sencillo cambiar por completo de hábitos. O tal vez ya lo has hecho, y en ese caso probablemente te reconocerás en estas líneas.

A grandes rasgos, para adoptar un estilo de vida minimalista hay que atacar en dos frentes:

  • Eliminar todo el exceso acumulado para quedarte sólo con lo esencial
  • Dejar de comprar y acumular nuevas cosas

Ambos requieren un esfuerzo importante, pero tienen enfoques muy diferentes: mientras que eliminar requiere un esfuerzo mental y es un trabajo que hay que ejecutar una sola vez, dejar de comprar supone un cambio de actitud que afecta a tu vida tal y como la has estado viviendo hasta ahora. Lo bueno es que una vez eliminado todo lo superfluo, la sensación de paz que conlleva te quita bastante las ganas de acumular de nuevo. Así que nosotros recomendamos abordar primero la fase de eliminar, y una vez completado incorporar el cambio que supone dejar de comprar.

Mi experiencia sin usar champú

Cuenta la leyenda que una vez, hace mucho tiempo, estuve un año entero sin usar champú

Allá por 2014 estaba investigando alternativas más ecológicas y sostenibles a la cosmética convencional. Ya por entonces empezaba a oir que los productos habituales están cargados de aditivos con diferentes niveles de toxicidad, de los cuales no se tenía mucha información y que podían tener impactos negativos en la salud (alergias, en el mejor de los casos, pero cosas peores como disrupción del sistema endocrino, etc). Esto no aplicaba sólo al champú, sino a la infinidad de productos que la industria nos intenta vender como imprescindibles: cremas, mascarillas, desodorantes, perfumes y todos los potingues que se inventan cada año (aún me maravilla que todavía tengan más ideas para sacar como novedades en este campo).

Una alternativa obvia a estos productos convencionales es la cosmética ecológica, que utiliza aceites naturales y evita en la medida de lo posible los aditivos sintéticos más dañinos. Es todo un mundo, y además uno en el que merece la pena profundizar, pero tiene el inconveniente de ser con frecuencia mucho más caro (aunque no más caro que las marcas comerciales «de lujo», que no aportan nada más allá de un marketing elaborado y una presentación muy cuidada).