Energía solar en casa (I): La Intro de rigor

energía solar

Que España es un país de sol es algo que saben bien los miles de turistas que vienen a tostarse cada año. Lo mismo se puede aplicar a la mayoría de los países en los que hablamos español (¿tendrá que ver algo el clima con esto del idioma?). Pero tengo la sensación de que no aprovechamos demasido bien la increíble fuente de energía renovable que tenemos a nuestra disposición.

Probablemente se deba a que hasta hace poco los paneles solares tenían un precio que suponía un tiempo de amortización demasiado alto para un particular. También a que dependiendo de la regulación en cada país y de cómo se incentive la producción solar particular, puede interesar más o menos tener paneles en casa (desde un punto de vista económico, claro. El incentivo ecológico es diferente). En el caso de España (que es el que conocemos), la enorme inversión que se ha hecho en centrales térmicas de producción de gas y carbón, y la necesidad de rentabilizar esas infraestructuras, ha hecho que la política estatal sobre energía solar haya sido un tanto errática.

Minimalismo en el baño: Todo lo que NO necesitas (y lo que sí)

minimalismo_en_el_baño

Limpiar el baño es siempre un rollo, pero con menos trastos al menos acabas antes

Piensa en tu baño ideal. Piensa en el clásico baño de revista, ese que te gustaría tener en tu casa. Piensa en un lugar donde relajarte mientras te aseas, mientras te arreglas antes de salir a cenar, donde recuperas fuerzas con una ducha calentita después de un día agotador. Ese baño en el que estás pensando… ¿está lleno de trastos? En la repisa de la bañera o de la ducha, ¿hay 17 botes de champú y gel, la mitad de ellos medio vacíos? ¿Hay una estantería llena de botecitos, la mayoría de los cuales ya ni recuerdas para qué eran? En el cajón del mueble ¿hay 6 peines viejos, tres afeitadoras y setecientas muestras de cosméticos recogidos de los hoteles?

¿No?

Dar el salto al minimalismo. Segunda parte: el proceso

De los creadores de «Primera parte: el motivo», ahora llega la segunda parte: «¿cómo coj**** lo hago?»

Si leíste nuestro primer artículo sobre la decisión inicial de pasarte al minimalismo, es posible que ahora te estés planteando cómo dar ese salto. A fin de cuentas, no es fácil: tras una vida entera acumulando cosas, no es sencillo cambiar por completo de hábitos. O tal vez ya lo has hecho, y en ese caso probablemente te reconocerás en estas líneas.

A grandes rasgos, para adoptar un estilo de vida minimalista hay que atacar en dos frentes:

  • Eliminar todo el exceso acumulado para quedarte sólo con lo esencial
  • Dejar de comprar y acumular nuevas cosas

Ambos requieren un esfuerzo importante, pero tienen enfoques muy diferentes: mientras que eliminar requiere un esfuerzo mental y es un trabajo que hay que ejecutar una sola vez, dejar de comprar supone un cambio de actitud que afecta a tu vida tal y como la has estado viviendo hasta ahora. Lo bueno es que una vez eliminado todo lo superfluo, la sensación de paz que conlleva te quita bastante las ganas de acumular de nuevo. Así que nosotros recomendamos abordar primero la fase de eliminar, y una vez completado incorporar el cambio que supone dejar de comprar.

Mi experiencia sin usar champú

Cuenta la leyenda que una vez, hace mucho tiempo, estuve un año entero sin usar champú

Allá por 2014 estaba investigando alternativas más ecológicas y sostenibles a la cosmética convencional. Ya por entonces empezaba a oir que los productos habituales están cargados de aditivos con diferentes niveles de toxicidad, de los cuales no se tenía mucha información y que podían tener impactos negativos en la salud (alergias, en el mejor de los casos, pero cosas peores como disrupción del sistema endocrino, etc). Esto no aplicaba sólo al champú, sino a la infinidad de productos que la industria nos intenta vender como imprescindibles: cremas, mascarillas, desodorantes, perfumes y todos los potingues que se inventan cada año (aún me maravilla que todavía tengan más ideas para sacar como novedades en este campo).

Una alternativa obvia a estos productos convencionales es la cosmética ecológica, que utiliza aceites naturales y evita en la medida de lo posible los aditivos sintéticos más dañinos. Es todo un mundo, y además uno en el que merece la pena profundizar, pero tiene el inconveniente de ser con frecuencia mucho más caro (aunque no más caro que las marcas comerciales «de lujo», que no aportan nada más allá de un marketing elaborado y una presentación muy cuidada).