Sostenibilidad en tu balcón: cultivar tus propias verduras Km. 0

Empieza tu propia revolución, rábano a rábano

Desde que tengo memoria, siempre he querido tener un huerto. Me hace gracia eso de coger tu propia comida de la planta, elegirla en su punto de maduración, sacarla de la tierra poco antes de echarla a la ensalada. Además, las verduras de huerto casero no tienen nada que ver en sabor con las del supermercado, cultivadas de manera masiva en enormes extensiones, monocultivos que agotan el suelo sin aportar nada, y tan susceptibles a plagas que sólo pueden sobrevivir a base de pesticidas, insecticidas y otros «cidas» que no querrías tener en tu plato (pero ahí acaban).

¿Por qué cultivar en casa?

Los macrocultivos que producen la mayoría de lo que comemos hoy en día no cumplen con los principios agrícolas tradicionales, que aprovechan las características de cada especie para favorecer el desarollo de unos cultivos junto a otros. Por un lado, algunas de ellas aportan al suelo nutrientes que necesitan otras, y que se pueden aprovechar gracias a la rotación de cultivos (por ejemplo, las leguminosas fijan nitrógeno, un nutriente indispensable para el crecimiento de las plantas, y especialmente útil para las verduras de hoja). Por otro lado, cultivar unas especies junto a otras ayuda a reducir la incidencia de plagas, ya que unas actúan como repelentes para las plagas de sus vecinas. La variedad en el cultivo junto a la rotación, sumadas al compostaje, son la base de la agricultura autosostenible.

Está claro que cultivar a base de deslomarse con la azada no aporta nada, y que hay que aprovechar las ventajas de los procesos actuales para mejorar todo lo que sea susceptible de mejora: si hay una máquina que puede arar un campo en un día, no tiene sentido hacerlo con un buey durante una semana. Sin embargo, la industrialización de la agricultura ha acabado con una forma de cultivo más racional y más saludable para el suelo, para las especies del entorno (insectos necesarios en un ecosistema sano) y para nosotros mismos.

También es cierto que la agricultura intensiva ha permitido mantener a una población humana mucho más grande que lo que habría podido hacerse si siguiéramos eligiendo los tomates de uno en uno. Pero no debemos olvidar que el precio de eso no es cero -ya sabéis: Nada Es Gratis. Y además, no viene mal volver la vista atrás de vez en cuando y tratar de incorporar de nuevo todo aquello del pasado que puede ayudar a solucionar los inconvenientes que traen a veces los avances.

Y esto, ¿qué pinta en este blog?

OK, una vez soltada la chapa de rigor, pensemos en cómo llevar esto a la práctica.

Cuando me planteé montar un huerto en casa (un macetohuerto, para más detalles: no es lo mismo un huerto casero en suelo que uno en recipientes), me pregunté como siempre si encajaba con nuestros principios: Minimalismo, Libertad Financiera, Ahorro y Sostenibilidad:

  • Minimalismo: para tener un huerto productivo necesitas menos cacharros de los que te quieren vender, pero aún así necesitarás muchos. Sacos de sustrato y fertilizante, fitosanitarios (aunque sean ecológicos) para controlar las plagas y enfermedades, herramientas varias, regaderas y recipientes… más te vale tener un sitio para meter todo ese montón de trastos
  • Libertad Financiera: aunque parezca un poco loco, en un momento me planteé si tendría sentido dejar el trabajo y dedicar todo mi tiempo a cultivar la comida de mi familia, en un momento en que estábamos hartos de oír todo tipo de noticias sobre las porquerías que llegan a la mesa a través de la comida. Pero un huerto con ese nivel de producción requiere una persona dedicada al 100% del tiempo, y sin embargo el gasto en vegetales de una familia media es de 400 o 500 euros como mucho (aunque los compres todos ecológicos). Es decir, es mucho más rentable trabajar por cuenta ajena (legalmente no te pueden pagar 400€ por trabajar 8 horas al dia, todos los días) y comprar la fruta y la verdura, que cultivarla tú mismo. Es imposible competir a pequeña escala con una agricultura mecanizada y especializada en la producción masiva, aunque sea ecológica.
  • Ahorro: Olvídate de ahorrar con tu huerto en casa. Si quieres hacerlo bien, cuesta dinero. En riego, en recipientes para cultivo (por mucho que intentes aprovechar, no vale cualquier maceta de plástico), en sustrato (una buena producción requiere un sustrato decente), en tratamientos y semillas o plantones. Como todo, puedes optimizar el gasto y no comprar tonterías, pero nunca será más barato que comprarlo en el supermercado. Estará mucho más rico, eso sí.
  • Sostenibilidad: En este caso sí hemos dado en el clavo… si se intenta promover el consumo de Kilómetro Cero, esto es ya consumo de Metro Cero, vamos, o los metros que haya de tu balcón a tu mesa. Por no hablar de que los huertos urbanos favorecen el desarrollo de insectos y especies beneficiosas para el ecosistema de la ciudad, generalmente muy dañado por el urbanismo agresivo sin zonas verdes y la contaminación

Entonces, ¿por qué tener un huerto en casa?

Para mí, el motivo principal de cultivar tu propia comida es que te conecta de nuevo con la Tierra (sí, soy consciente que esto suena a frase de hippy fumado). Te enseña a entender los ciclos del suelo y de las estaciones, a tener paciencia con los procesos de germinación, crecimiento, fructificación y maduración. Te permite ver las relaciones de unas especies con otras, en vez de centrarlo todo en nuestro papel de especie dominante por encima de todas las demás. Te recuerda que, aunque no lo veamos en nuestro día a día hipertecnológico y urbano, el origen último de lo que nos mantiene vivos es la naturaleza: lo que comemos, bebemos y respiramos es natural, y sólo manteniéndolo vivo podremos sobrevivir nosotros.

Además, si tienes niños en casa, un huerto les ayudará a mantener esa conexión con la tierra (y digo «mantener», porque ellos la traen de serie; somos los adultos los que la hemos perdido). Cultivar sus propias frutas y verduras, además, favorecerá que las prueben y las incorporen a su dieta (no hace falta que digamos que la base de una alimentación sana son los vegetales, seas vegetariano o no). Podrán apreciar colores, sabores y olores que no se aprecian en la verdura plastificada e inodora del supermercado.

Y oye, que mola mucho sacar un rábano del suelo tirando de las hojas, también hay que reconocerlo.

¿Y por dónde empiezo?

Como esto es Esencialistas y no Cebollaristas o Rabanistas, no voy a contar aquí lo que muchos otros han contado miles de veces, y mucho mejor que yo. Internet está lleno de recursos gratuitos y valiosos que te ayudarán a poner tu huerto en marcha. Si vives en el campo o en un medio rural, lo mejor que puedes hacer es hablar con el hortelano que tengas más cerca y que te eche un cable para empezar. Si eres de ciudad como nosotros, probablemente no tengas ni idea, así que lo que te recomendamos es que te busques una buena guía que te acompañe durante el proceso (en serio: nuestros intentos previos de montar nuestro propio huerto fueron un fracaso estrepitoso, simplemente por no conocer las normas básicas que aseguran el éxito).

Eso sí, por favor: si vas a cultivar tu huerto en casa, hazlo de forma ecológica, con tratamientos respetuosos con el suelo y con la fauna/flora cercana. Además, así serán también mucho más seguros para niños y mascotas.

  • Como guía de inicio, no puedo dejar de recomendar Minihuertos, la primera guía de Marta Rosique y Raúl Piqueras. Ambos son los fundadores de Plantea en Verde, nuestra página favorita para todo lo hortelano. En su libro encontrarás el camino para empezar tu huerto desde cero, con consejos sobre plantación, especies a elegir, control de plagas y asociaciones. Todo contado con mucha gracia y con el tono agradable que caracteriza a su blog
  • Además del libro, puedes consultar los montones de artículos publicados en el blog de Plantea en Verde, con artículos específicos sobre variedades y cultivos, plagas, qué sembrar en cada mes, y todo ello acompañado de las maravillosas ilustraciones e infografías de Marta
  • Para comprar sustrato, fitosanitarios y demás, nosotros solemos tirar webs como de Planeta Huerto o Cultivo Mi Huerto, que tienen un montón de productos ecológicos. Aunque también puedes encontrar algunos de estos productos si tienes un vivero grande cerca, o una tienda de productos ecológicos.
  • Para comprar planteles o semillas, nosotros solemos ir directamente a un vivero, porque nos gusta ver el aspecto de las plantas vivas que compramos. No nos pagan nada por hacer propaganda, pero nos gusta mucho Fronda. En general, nunca despreciamos un paseo por un vivero lleno de plantas fresquitas y recién regadas 🙂

Y tú, ¿te animas a cultivar algo en algún rincón de tu casa? ¿Estás dispuesto a compartir piso con una tomatera? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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