¿Por qué cuesta tanto ahorrar?

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Una verdad absoluta e inmutable es que en el primer mundo gastamos mucho y ahorramos poco. Esto aplica incluso los que tenemos como objetivo ahorrar y ser económicamente más libres, sí: a pesar de tener incentivos claros, ahorramos menos de lo que podríamos. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué es tan difícil retener el dinero?

Tasa de ahorro de los hogares: los datos

El año 2018 cerró en España con una tasa de ahorro de los hogares muy por debajo de lo deseable, más baja aún que en los años más difíciles del boom inmobiliario.
El periódico El País publicó recientemente un artículo muy interesante planteando los datos y analizando los motivos que han llevado a esta situación. El artículo comenta que la tasa de ahorro a cierre de 2018 fue del 4.9% de la renta disponible, que no es sólo muchísimo menos de lo necesario para cualquiera con el objetivo de alcanzar la Independencia Financiera, sino que pone a los españoles en situaciones de vulnerabilidad y de mínima capacidad de reacción a los imprevistos.

Tampoco es cuestión de echarnos la culpa de todo a los de siempre: en general, nos cuesta ahorrar a todos. Aunque en Europa la tasa de ahorro es bastante mayor (un 12% de la renta disponible, en media), sigue siendo muy baja para unos países relativamente ricos (no olvidemos que en Europa hay países de todo tipo, claro).

Uno de los motivos para que el ahorro en España sea especialmente bajo es el problema endémico que tenemos siempre con el precio de la vivienda. Sin embargo, ese factor de por sí no explica el descenso en la tasa de ahorro, porque además de esa bajada tenemos un incremento muy acusado de los créditos al consumo. Es decir, tener hipotecas elevadas perjudica la capacidad de ahorro, pero eso no es lo único que está haciendo mella. Los créditos al consumo a fin de cuentas están dedicados a eso, al consumo, y si son muy elevados son una indicación clara de que estamos gastando más de lo que debemos.

(Antes de seguir, una matización importante: los créditos al consumo no incluyen las deudas de tipo hipotecario, pero sí se usan para cubrir gastos de alquiler, así que tampoco es justo afirmar que el incremento del 50% del volumen de crédito que se reporta en el artículo de El País se traduzca en un incremento igual en el gasto en bienes de consumo).

El mercado de la vivienda en Estados Unidos está en un momento diferente al de España, pero a pesar de eso, la tasa de ahorro también está en mínimos, como podéis ver en este gráfico de Statista. Los estadounidenses también han sufrido una burbuja inmobiliaria, pero no olvidemos que son los reyes de los créditos al consumo y uno de los países del primer mundo más endeudados en este sentido.

¿Y por qué es esto un problema?

Que la tasa de ahorro sea baja puede parecer algo positivo si se mira desde la perspectiva del crecimiento de la economía: menor ahorro, más consumo, y más movimiento de capital. Sin embargo, es una muy mala noticia cuando se entiende que el progreso a medio plazo requiere de ahorro e inversión. Este concepto está muy bien explicado en este artículo de El BLog Salmón. Aquí, Marc comenta que “el progreso se basa en maximizar el ahorro en el corto plazo para impulsar proyectos de inversión en el largo plazo que nos lleven a incrementar los niveles de productividad y así, la riqueza generalizada en un país.”. Por desgracia, estamos muy acostumbrados a centrarnos en los problemas a corto plazo, pero el futuro requiere de cierta planificación.

A esto hay que sumarle, además, lo que comentábamos antes: una familia con baja tasa de ahorro y elevado nivel de endeudamiento está expuesta a todo tipo de riesgos derivados del devenir de la economía, y no responde bien a los imprevistos. Y, al igual que ocurre a nivel macroeconómico, no tiene capacidad de planificación de futuro al no tener margen de maniobra ni inversión.

¿Por qué nos cuesta tanto ahorrar?

Es muy fácil culpar de todas las desgracias a la economía, al mercado inmobiliario, a los bancos y a la situación del empleo en el país. Y, sin duda, tienen una buena parte de la culpa. Sin embargo, cargar toda la responsabilidad sobre agentes externos nos quita todo el poder sobre nuestra propia situación y a la vez elimina la posibilidad de mejorarla. Es importante centrarse también en lo que cae dentro de nuestra esfera de control.

Una realidad es que durante la dura crisis en España, el ahorro de las familias aumentó. Aunque se mantuvo el gasto en vivienda (la gente se esforzó por cumplir con los pagos de las hipotecas y las deudas asociadas), se redujo muchísimo el gasto en bienes de consumo y en bienes que no fueran de primera necesidad. Es decir: cuando vienen mal dadas, somos capaces de ahorrar.

Sin embargo, hay estudios que demuestran que, en general, una situación de ahorro y frugalidad no es sostenible durante más de 8 años. Y efectivamente, tan pronto como se recuperó la economía, repuntaron de nuevo los créditos al consumo. Una parte de este repunte es explicable: si la gente había postpuesto gastos importantes debido al mal momento de la economía, es comprensible que comenzaran a abordarlos al mejorar la capacidad de consumo (un ejemplo de este tipo de gastos son reformas de la vivienda, cursos y formación para mejorar laboralmente, etc). Pero otra parte es consumo sin más. Si antes éramos capaces de prescindir de muchas cosas para mejorar nuestra economía familiar, ¿por qué volvemos a gastar en cosas innecesarias que la empeoran de nuevo? De algún modo, el ser humano tiene un hambre incesante de consumo.

A esto hay que sumarle que llevamos varios años en una situación de tipos de interés muy bajos. Los tipos bajos incentivan el consumo y desincentivan el ahorro (de hecho, se mantienen así de manera artificial desde los bancos centrales con el objetivo de reactivar la economía cuando parece estancada). Si os interesa el tema, tenéis una explicación clara y sencilla, así como alternativas de inversión adecuadas en un entorno de este tipo en el libro Inversión en Tiempos de Tipos Bajos.

¿Y cuál es la solución?

La conclusión más obvia es que a la gente, en general, le falta educación financiera. Piden créditos sin tener en cuenta el momento económico, y sin calcular el impacto en su futuro o si serán capaces de hacer frente a los pagos. Contratan productos financieros que no entienden, y no son capaces de evaluar el riesgo que suponen, ni su propia situación laboral o cómo se prevé que evolucionen factores tan sencillos y tan determinantes como los tipos de interés, especialmente en créditos de tipo variable.

Con esa premisa, la solución más evidente es que es necesario mejorar la educación financiera de la población. El conocimiento da poder, y eso permitirá a la gente tomar el control de sus finanzas y dejar de esta a expensas de la sociedad de consumo… ¿o no?

Lo bueno de esta solución es que es sencilla de implementar, tan sencilla como incluir asignaturas de economía en los currículums escolares. Es tan simple que, evidentemente, ya se ha hecho en muchos sitios. Y, ¿sabéis cuál es el resultado? El resultado es que incrementar la educación financiera de la gente sólo produce variaciones mínimas en los niveles de endeudamiento, ahorro e impago. Es decir, aunque evidentemente hace falta un mínimo de base, mejorar el conocimiento sobre economía y finanzas no mejora la situación financiera de las familias. Esta (sorprendente) noticia está comentada en detalle en este estupendo artículo de Get Rich Slowly, “Why financial literacy fails and what to do about it”, que os recomendamos leer.

El motivo detrás de esta realidad es que las decisiones de compra que tomamos a diario no son decisiones basadas en fórmulas o en matemáticas. Son habitualmente decisiones impulsivas o emocionales, tomadas con el corazón (o el órgano que sea), y no con el cerebro. Vivimos inmersos en una cultura del consumo, en un entorno bañado por la publicidad que apela a todo tipo de argumentos no racionales para hacernos comprar cosas. Y, como os contamos en este artículo sobre el neuromarketing, eso funciona, y vaya que si funciona.

Por tanto, lo que se necesita no es más información sobre qué es un tipo de interés y cómo se calcula el TAE de una cuenta de ahorro, sino más educación emocional y de comportamiento. Necesitamos comprender que el nivel de consumo que mantenemos no es sostenible, ni a nivel económico ni a nivel ambiental, y dejar de asociar compra con placer. Está claro que seguiremos consumiendo, pero es importante comprender el concepto de gasto consciente, y enseñar desde muy pronto hábitos de ahorro, no de lo contrario.

Desde el colegio hasta hoy, a nosotros nos han explicado muchas veces un montón de conceptos de economía. Pero ninguna vez nos han explicado el concepto de la inflación del estilo de vida, o esa regla que explica que una vez alcanzado un umbral fijo de ingresos, está demostrado que el dinero no te hará más feliz. Nos han educado para ver normal “ir de tiendas” como opción de ocio, cuando ya se sabe desde hace años que el pico de placer que produce una compra tarda muy poco en difuminarse, y es reemplazado por un nuevo deseo de compra.

Y para acabar, como nos ha quedado un artículo demasiado serio, os dejamos con este clásico de entre los clásicos: Don’t buy stuff you can’t afford!

Aunque, la verdad, nosotros le damos una vuelta más: si no lo necesitas, no lo compres. Lo puedas pagar o no 🙂

Y para tí, ¿ahorrar supone un esfuerzo? ¿Qué parte de tus gastos son necesarios y cuáles crees que son impulsivos o evitables? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

2 comments
  1. Interesante tema han tocado.
    Creó que es importante considerar para el ahorro también el ingreso, en mi caso cómo independiente me resulta relativamente más fácil. Yo siempre planifique mi economía, la de mi empresa y la de mi familia, se cuales son mis límites y me manejo dentro de ellos.
    Por suerte la vida me permitió ver y tener muchas cosas, cómo también me enseñó a ponerme límites.
    Querer más es algo con lo qué nací (1980) y pareciera que tener límites es de perdedor, vago o burro.
    La realidad es que hoy todos vivimos ligados al consumo, muchos por y para y otros tratando de entender de una manera más sensible el consumo.
    Es un tema complejo, difícil y sin lugar a dudas que demanda conocimiento, pero no nos quedemos con el conocimiento sólo académico, enseñemos a nuestros hijos a cuidar, guardad y valorar, a gastar en lo que te queda en la vida que no es un iPhone, ni tal o cual coche, ni que viajar 3 veces por año nos aseguran la felicidad.
    La felicidad va por otros lados, el ahorro es fundamental para darnos tranquilidad, para quitarnos presión y para ayudarnos a resolver problemas de plata, por qué hay otros problema que no los arreglamos ni con la fortuna más grande del mundo.
    Saludos

  2. Hola Federico,

    Totalmente de acuerdo en que los ingresos son una variable clave de cara al ahorro (siendo la otra los gastos). Sin embargo, aunque algunos gurús financieros se centran en maximizar los ingresos, nosotros creemos que es una variable sobre la que tenemos mucho menos control que sobre los gastos, y como bien dices, se puede mejorar mucho simplemente entendiendo que consumir y gastar no puede ser la base de la felicidad, y ni siquiera es sostenible en el mundo en que vivimos.

    Me parece muy acertado tu comentario de que el ahorro es fundamental para eliminar la presión y los problemas de dinero y que la felicidad es otra cosa diferente, lo que hace el dinero es eliminar los obstáculos del camino para conseguirla. Nosotros lo entendemos también de este modo 🙂

    Un saludo!

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