Nuestra estrategia de inversión

Hablar de inversión en España es complicado, porque por algún motivo es un tema un poco tabú. Si comentas que inviertes tu dinero, la gente tiende a asumir inmediatamente que

  • o bien eres un imbécil que está arriesgando sus ahorros a lo loco
  • o bien eres un cerdo capitalista que sólo busca enriquecerse a costa de los demás.

Evidentemente, ninguna de las dos cosas tiene por qué ser cierta (al menos en la inversión no especulativa). De hecho, invertir tus ahorros es casi la única opción razonable para sacarles algo de rendimiento. La estrategia habitual más conservadora en nuestro país, que consiste en dejar el dinero en el banco, en estos tiempos de tipos bajos es similar a guardar agua en un cubo con un agujero. Progresivamente vas perdiendo poder adquisitivo, y con suerte podrás igualar la inflación. La inversión, sea del tipo que sea (inmobiliaria, o en bolsa) es la manera más sencilla de conseguir un ingreso pasivo, y puede marcar la diferencia entre alcanzar la Independencia Financiera o tener que trabajar toda la vida.

De hecho, prácticamente todos los bloggers sobre FIRE recomiendan algún tipo de inversión como vehículo hacia la libertad financiera. A fin de cuentas, si quieres dejar de trabajar, lo primero que necesitas es mantenerte. Se puede considerar que eres financieramente independiente cuando consigues que tus ahorros te produzcan un beneficio anual igual o superior a tus gastos (es decir, no consumes nada de lo ahorrado y vives de los rendimientos del capital). Esto es prácticamente imposible dejando el dinero en una cuenta de ahorro o un depósito clásico.

Además, invertir en bolsa puede ser la única manera de garantizar que tu dinero va a empresas con unos valores concretos o políticas de sostenibilidad acorde a tus principios. A menos que tengas tu dinero en banca ética como Triodos o similares, dejar tu dinero en un depósito de un banco convencional es garantía de que va a ir a financiar proyectos o empresas que no querrías ni saber.

Nosotros hemos probado con las dos opciones más a mano (inversión en pisos e inversión en acciones). Cuando empezamos a trabajar allá por 2005, empezamos de cero. Según han ido pasando los años, hemos ido modificando nuestra estrategia de inversión, confirme íbamos ahorrando y a la vez íbamos conociendo otras opciones. Como la mayoría de la gente que invierte en bolsa, empezamos haciendo el idiota a tope y con el tiempo hemos ido afinando un poco más. Historias similares cuentan Ángel de Vivir al Máximo y otros. Así que parece que el camino que hemos seguido es más o menos el habitual.

Y éste ha sido el nuestro:

Fase 1: el clásico depósito

Cuando empezamos a trabajar, los tipos de interés no eran para nada lo que son ahora, y tener el dinero en un depósito o una cuenta de ahorro sí tenía un sentido. Por aquella época (año 2005 o así) no era raro que una cuenta de ahorro te diera un 2.5% o 3% TAE, y se podía conseguir mucho más con depósitos a plazo fijo. Era la época en la que empezaban los bancos online en España, con costes sensiblemene inferiores a los de los bancos tradicionales, y ansiosos por conseguir clientes que confiaran en entidades sin sucursales. Poco después se desató la Guerra del Pasivo (suena así como épico), en la que los bancos competían por conseguir como fuera el dinero de sus clientes ofreciendo depósitos con tipos de interés más que jugosos. Por entonces era posible obtener un buen rendimiento simplemente moviendo el dinero de depósito en depósito.

Como era de esperar, ese chollo duró un tiempo y luego desapareció para siempre.

Fase 2: los Reyes del Mambo (já)

Hace 10 años, nuestra opinión sobre la inversión en bolsa era la misma que tiene la mayoría de la gente hoy en día: pensábamos que había que estar muy loco o muy forrado para meter el dinero ahí, o en otras palabras, te tenía que importar muy poco perderlo. Ni se nos pasaba por la cabeza jugarnos nuestros ahorros, ganados euro a euro con esfuerzo y después de pasar horas interminables en la oficina. Veíamos poca diferencia entre la Bolsa y el Casino, y a mí el IBEX me sonaba igual que la ruleta.

Por suerte, SuegroEsencialista tenía otra visión sobre el tema, habiendo trabajado en un banco de inversión, y nos recomendó invertir «¡cuando se es joven es el momento!». Y ahí llegó nuestra primera experiencia: compramos acciones de Solaria por 700€ y las vendimos un mes después por 1.400€… ¡WOW! ¡La sensación de ganar dinero sin dar un palo al agua es indescriptible! Y eso, sumado a la sensación de que éramos unos genios de la inversión. ¡Forrarse en bolsa estaba chupado! Vale, tal vez esté exagerando un poco, pero de verdad que es la experiencia más común y la cuentan muy similar otros muchos inversores actuales, así que el efecto Rey del Mambo es algo así como el inicio habitual.

Ésta es la definición pura de la inversión especulativa, que consiste en creerte más listo que el mercado y capaz de predecir sus cambios mejor que nadie. Es también exactamente lo que NO hay que hacer si se quiere invertir en bolsa, ya que tienes tantas (o más) probabilidades de perder como de ganar. Además, desde un punto de vista ético, no estás aportando absolutamente ningún valor a la sociedad. Y justifica la visión que tiene el público en general sobre la inversión en bolsa (véase los dos puntos del primer párrafo).

Por suerte, superamos pronto esa fase, y además nos salió bien (no nos hicimos ricos, pero bueno, 700€ bien que vienen).

Fase 3: la inversión «segura»

Una vez superada la fase de invertir a lo loco, decidimos ir un poco más a lo seguro. Compramos acciones de empresas grandes y clásicas, de las que entregan dividendo regularmente y además se revalorizan con el tiempo: en nuestro caso, Repsol y BBVA.

Tengo que decir que como estrategia no era mala del todo. Sin embargo, por entonces llegó la Gran Crisis, la bolsa bajó muchísimo y el valor de nuestra inversión se redujo considerablemente. Como se suele decir (y es cierto), en bolsa no pierdes ni ganas hasta que no vendes, así que nosotros intentamos mantener esas inversiones lo máximo posible, con la esperanza de que con el tiempo se recuperaran. Durante varios años fuimos recogiendo el dividendo, que es otra manera de recuperar las pérdidas. Sin embargo, llegó un momento en que necesitábamos el capital para comprar una vivienda y no tenía sentido esperar más, así que terminamos vendiendo a un precio significativamente menor que el de compra.

Resumiendo, no fue una estrategia desastrosa, y de hecho podría haber ido bien. Sin embargo, nos dejó un sabor agridulce, y si no fuera porque para entonces ya habíamos investigado más sobre alternativas de inversión, quizá aún seguiríamos en esta fase (sin crisis, por favor, gracias).

Fase 4: la inversión en fondos

Una vez pagada nuestra primera vivienda (más pequeña y más barata de lo que nos podíamos permitir), empezamos de nuevo a ahorrar. Esta vez probamos una estrategia diferente, que casualmente es la preferida por muchos de los abanderados de la Independencia Financiera: la inversión en fondos. Decidimos invertir en paralelo en dos tipos de fondos: de gestión activa «value», e indexados.

Como se explica de manera sencilla y clara en este libro (nuestro libro de cabecera para temas de inversión), ambos tipos de inversión tienen en común que son fondos, es decir, vehículos de inversión colectiva, aunque con algunas diferencias:

  • Los fondos indexados replican un índice, es decir, incluyen acciones de todas las empresas que forman un índice bursátil concreto. Es una gestión prácticamente pasiva, más allá de la básica necesaria para la compra de acciones del índice, y tiene unos costes muy bajos de gestión
  • Los fondos de inversión «value», también llamada inversión «a largo plazo», tienen un equipo gestor que se encarga de buscar empresas con buena proyección que por algún motivo se consideren infravaloradas, pero con un buen recorrido a futuro. Es por tanto una gestión activa, que busca realmente el valor y no la especulación, y tiene unos costes algo superiores ya que requiere un equipo a cargo de los análisis y las decisiones de compra

Ambos tipos de inversión tienen como objetivo obtener un rendimiento acorde al mercado, al contrario que la inversión especulativa que pretende buscar el lucro rápido sin más. Para fondos indexados elegimos Indexa Capital y Metavalor, que no replica un índice tal cual sino la propuesta de inversión del OCU. Para inversión value elegimos Bestinver, AzValor y Cobas.

En nuestra experiencia, ésta fue la mejor decisión. Mientras ahorrábamos el dinero necesario para nuestra segunda vivienda, incrementamos significativamente esta cantidad, con un rendimiento cercano al 6% anual. Sin embargo, una mala decisión por parte de uno de los fondos de gestión activa al final del periodo nos ha hecho replantearnos esta estrategia, y en el futuro es posible que nos centremos sólo en fondos indexados, aunque el tiempo dirá.

Como comparación, también hemos probado la inversión inmobiliaria, más por temas sentimentales y por circunstancias relacionadas con el momento en que vivimos que por decisiones financieras conscientes, y de momento no nos ha ido mal, pero creo sinceramente que el esfuerzo y riesgo que supone alquilar una vivienda no es comparable al que supone una inversión en bolsa, y sólo lo usaría para diversificar. Pero esto da para un artículo aparte 🙂

Y tú, ¿inviertes tu dinero de alguna manera? ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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