Minimalismo con niños

Cuando no teníamos hijos me asustaba ver la cantidad de trastos que parecía requerir el criar a un cachorro humano. Recuerdo salones llenos de juguetes tirados, estanterías rebosando de cajas y muñecos y, en general, trastos y plástico por todas partes. Ese (y otros muchos factores que luego resultaron no ser parte de nuestra realidad) era uno de los motivos por los que no nos llamaba la atención tener niños en casa.

Algunos años y tres hijos después, lo que hemos comprobado es que la mayoría de las cosas “que hace todo el mundo” en general, y en relación a los hijos en particular, no son necesarias ni obligatorias, y de hecho es una muy buena idea cuestionarlas y pensar si se pueden hacer de una forma diferente.

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En el caso que nos aplica, atención: NO ES NECESARIO NI IMPORTANTE NI SANO QUE LOS NIÑOS TENGAN INFINIDAD DE JUGUETES Y TRASTOS. En serio. No se crían peor, no se traumatizan, no sufren de envidia al ver a sus amigos con miles de porquerías en casa. Es más, los que tienen muchas cosas siguen mirando con envidia a las cosas que tienen los demás, porque las suyas las tienen ya muy vistas. Es posible educar a los niños en la sostenibilidad y el minimalismo, y de hecho, seguramente sea una de las mejores enseñanzas que se les puedan dar, porque meditar las compras, reducir el consumismo y saber tomar decisiones conscientes en una sociedad basada en el consumo insostenible es una habilidad clave para cualquier ser humano.

Dicho esto, no se trata de criar a un niño como si fuera un monje Zen. Instagram está lleno de fotos de cuartos infantiles vacíos o con cuatro cosas carísimas de diseño y de colores apagados: eso tampoco es realista, y probablemente no le guste a ningún niño porque se nota que cada objeto ha sido elegido por un adulto. La idea es ayudar a tus hijos a valorar lo importante y descartar lo superfluo, no batir un récord de austeridad o forzar una sensación de escasez.

¡Un palo! ¡UN PALO!

Es cierto que los niños tienen una tendencia a acumular cosas y a pedir juguetes nuevos. Pero la realidad es que muchas veces lo que más les gusta son objetos sin valor económico (¿alguna vez os las habéis visto y deseado para conseguir que suelten una castaña que se han encontrado por la calle?), y la manía de pedir y pedir está asociada al entorno hiperconsumista en que vivimos. Y sino, probad a llevar a un niño a una granja: querrá correr detrás de una gallina, querrá tocar a las ovejas y se guardará una piedra en el bolsillo porque le ha gustado. En ese entorno, dudo mucho que se acuerden de pedir un juguete de plástico. ¿Dónde se ponen los niños pesados para que se les compren cosas? En las cajas del supermercado y en un centro comercial. Ya sabéis qué entornos hay que evitar en la medida de lo posible.

No sos vos, soy yo

Lo cierto es que el problema de materialismo de los niños del que tanto se quejan los padres es en realidad un problema de materialismo de los adultos. Entre unas cosas y otras, acabamos comprándoles cosas constantemente, entre fiestas, finales de curso, cumpleaños y todo tipo de celebraciones que acabamos asociando al consumo absurdo. Incluso si intentas cuidar que tus hijos no acaben saturados, tienes media batalla perdida con la familia y los amigos que compran y compran todo tipo de chismes con su mejor intención. Al final, mantener un volumen razonable de juguetes de calidad es una tarea constante que hay que abordar: incluso con un enfoque minimalista acabas acumulando de todo.

Hace poco se hablaba sobre el tema del minimalismo y la cantidad de juguetes en este post de Mamá Valiente. Es un enfoque distinto al nuestro, porque ellos hablan de cómo aplicar los principios de descarte de objetos de Marie Kondo a los juguetes infantiles, con la colaboración de los niños, una vez que hay una situación de exceso. Nosotros aún no hemos llegado a eso, porque intentamos mantener una disciplina de no acumular, pero es interesante porque explica un método respetuoso en el que se tiene en cuenta la opinión de los niños para que sean ellos los que tomen las decisiones de conservar o descartar algo, lo que los hace realmente partícipes del proceso en sí.

Menos blablá y más a lo práctico

Los principios que aplicamos nosotros y que de momento nos han funcionado son los siguientes:

  • Dejamos claro que no compramos juguetes ni objetos que no sean necesarios salvo en ocasiones especiales, como Navidad y cumpleaños. Compramos libros o cómics de vez en cuando, porque creemos que aportan algo más allá del consumo. Pero somos estrictos en mantener la idea de que NO se compran juguetes fuera de celebraciones. Creemos que es importante dejar claro que comprar o no comprar no es una decisión arbitraria que tomamos los padres, sino que es una norma en nuestra familia. Por supuesto, también nos la aplicamos nosotros.
  • No asociamos la compra de juguetes a premios o buen comportamiento. Tampoco lo contrario, claro. Defendemos una crianza sin premios ni castigos, y evitamos asociar buen comportamiento a consumo. Si hemos acordado comprar algo, lo llevamos adelante aunque alguien no se haya querido comer las lentejas.
  • Intentamos limitar el volumen y tamaño de los regalos de amigos y familia. Esto es algo más complicado, porque como comentábamos antes, la gente realmente regala cosas con ilusión y buena intención, y la mayoría no entiende que queramos evitar que nuestros hijos reciban demasiadas cosas. Como creemos que tampoco es cuestión de tener problemas por algo así, lo que hacemos es indicar que tenemos muy poco espacio en casa y pedir que los regalos no sean muy voluminosos ni ruidosos. Con eso evitamos la mayoría de juguetes convencionales, que suelen ser enormes trastos de plástico.
  • No aceptamos juguetes heredados. No porque estén usados ni mucho menos (esto nos da igual), sino porque no los necesitamos, y acaban saturando a los niños igual que los nuevos. A la gente en general le cuesta mucho tirar sus cosas usadas, pero las dan con facilidad si piensan que alguien va a aprovecharlas. De esta manera, si tienes varios amigos con hijos mayores que los tuyos, puedes acabar con montañas de cosas cada poco tiempo. Creemos que tener miles de juguetes no es bueno para un niño, sean nuevos o no. Nosotros no necesitamos más cosas, pero lamentablemente hay niños que sí tienen carencias de verdad. Los juguetes en buen estado deben ser donados a quien realmente los necesita, no tienen que ir a parar a la montaña de juguetes de un niño que ya tiene decenas de ellos.
  • Por el contrario, si necesitamos algo, siempre intentamos buscar algo de segunda mano o heredado antes que comprar uno nuevo. Es decir, no aceptamos tres patinetes porque ya tenemos uno, pero nos viene muy bien una bici más grande si se ha quedado pequeña la anterior, y evitamos comprar una nueva (con eso, evitamos no sólo el coste, sino el impacto ambiental de fabricar otro objeto más). Como os comentábamos en este post, Wallapop es estupendo porque mucha gente vende juguetes muy poco usados y en perfecto estado.

 

También tengo que decir que éste es el modelo de crianza que nos funciona a nosotros y que va en línea con nuestros principios, pero puede que haya otros que funcionena otras familias. En este post que escribimos en verano sobre nuestra casa podéis ver alguna foto donde se aprecia el volumen de juguetes que tenemos en el salón, nuestro espacio de conviviencia.

Y vosotros, ¿os plantearíais educar a vuestros hijos en el minimalismo ? ¿Cuáles creéis que serían los mayores retos que superar?

2 comments
  1. Genial post. Lo de los juguetes heredados es importante. Nosotros aceptamos ropa heredada y se tiende a pensar que eso supone que aceptamos también muebles y juguetes. Todavía hay que explicar que la ropa de segunda mano no es cuestión de economía sino de sostenibilidad. Y que lo de los juguetes… Tiene poco de sostenible jaja. Gracias, familia.

  2. Hola Bea! Qué bien tenerte por aquí 🙂
    Lo de los juguetes heredados es un poco problema, porque la gente suele pensar que el problema es comprar muchos juguetes (pagando), pero les cuesta ver lo mismo cuando son gratis. Sin embargo, creo que el hecho de pagarlos o no es una diferencia para los adultos (que gastamos más o menos dinero), pero para los niños, un juguete diferente cada semana, aunque sea heredado, sigue siendo una saturación total.

    Esperamos leerte pronto!
    Un abrazo

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