La inflación del estilo de vida

O cuando te paras a mirar hacia atrás y ves que llevas una temporada haciendo el idiota y ni te habías dado cuenta… económicamente hablando. Sí, nos ha pasado.

Uno de los muchos beneficios de mantener un balance anual es que puedes tracear cómo evoluciona tu nivel de ahorro en el tiempo. Así fue como pudimos comprobar que habíamos ahorrado más o menos la misma cantidad durante los últimos 9 años. Qué bien, hemos conseguido mantener un nivel alto de ahorro durante ¡9 años! Un momento… pero la inflación en España está estancada hace tiempo. Y en los últimos años hemos ido aumentando nuestros ingresos (tampoco mucho, para qué nos vamos a engañar, pero debería notarse algo). Si ingresamos más pero ahorramos lo mismo, sin ningún cambio sustancial en nuestra vida… ¡Horror! ¡Hemos sido víctimas de la inflación del estilo de vida!

¿Pero qué dices?

La inflación del estilo de vida (traducción algo forzada del concepto en inglés, Lifestyle Inflation) es lo que te ocurre cuando, sin haber cambios justificados en tus partidas de gasto (como supondría tener hijos o tener que mantener a más personas a tu cargo), se incrementa el coste de vivir. Suele ser un incremento gradual y poco perceptible, si no prestas mucha atención a estas cosas, y es a menudo lo que está ocurriendo a toda esa gente que te dice que no entiende por qué no consigue ahorrar dinero, si no gasta tanto ni tiene muchos extras.

Precisamente, éste es el problema de la IEV: no supone un incremento perceptible en tu calidad de vida, por lo que no es fácil de detectar, además de que no te aporta gran cosa. La parte buena es que es un incremento con una causa interna (es decir, tú mismo) y no externa (la inflación propia de la economía), por lo que está en tu mano solucionarla.

¿Y en términos prácticos?

Una forma muy sencilla de entenderlo es pensando en el cambio que se da habitualmente entre la vida de estudiante o recién licenciado (aka más pobre que una rata) a la vida de asalariado acomodado.

Cuando eres estudiante, haces maravillas para llegar a fin de mes con el poco presupuesto del que dispones. Sabes perfectamente qué supermercados hay en tu zona y qué rango de precios tienen, y algunos no los pisas ni aunque te maten. Te compras la ropa en las rebajas, y normalmente sólo para reponer algo. Aprovechas las ocasiones especiales (cumpleaños, Navidad…) para pedir las cosas que necesitas. Generalmente compartes piso, y evitas el transporte privado en la medida de lo posible. Cuando viajas, optimizas gastos. Y un largo etcétera, según lo creativo que seas.

Cuando tienes un sueldo fijo que supera lo que habías ganado antes, empiezas a sentirte más cómodo, te relajas… y ahí es donde te atrapa la inflación. La consecuencia evidente es que cada vez ganas más, según progresas en tu carrera profesional, pero sigues ahorrando siempre lo mismo, o incluso menos (un suicidio financiero, también llamado «vivir por encima de tus posibilidades»).

Eso sí, es importante hacer una distinción, que lamentablemente es muy subjetiva y por tanto se presta mucho al autoengaño: evidentemente, hay un salto cualitativo importante cuando pasas de tener muy pocos ingresos a vivir más desahogado. Si eres una persona responsable, seguramente seas capaz de contener el gasto si no puedes permitírtelo, y eso no significa que no puedas aumentar tus gastos cuando tu situación es mas cómoda. No tienes por qué compartir piso de por vida, ni quedar con tus amigos siempre después de cenar para ahorrar en salidas. Hay unos gastos que sí te aportan mucho, y está justificado que te los permitas si puedes. Pero aquí entra en juego la mentalidad Esencialista… ¡para poder distinguir lo realmente valioso de lo superfluo!

¿Cómo puedo saber si me está ocurriendo esto a mí?

Es sencillo: mira tu balance anual, revisa tus ingresos (y, especialmente, tus gastos), y determina si los cambios que ves son esperados y justificables.

Ah, ¿que no tienes uno? En ese caso, plantéate las siguientes cuestiones:

  • ¿Vas al supermercado que tienes más cerca de casa sin importante que sea mucho más caro, simplemente por comodidad?
  • ¿Haces la compra sin mirar los precios? ¿Por ejemplo, compras fruta que no está de temporada, sin fijarte en que esté a un precio absurdo simplemente porque no hay mucha ahora?
  • ¿Sales de tiendas como entretenimiento, y compras por ocio sin esperar a las rebajas o sin comparar con otras cosas similares?
  • ¿Sales en coche porque es mas cómodo, las veces que necesites, sin optimizar trayectos con varios recados que tengas que hacer?
  • ¿Te quejas habitualmente de tener muchos trastos, o mucho desorden, o cosas que no usas y que son relativamente nuevas?
  • ¿Cuando sales por la ciudad, vas picoteando de café en café o de bar en bar, según te entra hambre o sed, sin plantearte mucho el coste que supone?
  • ¿Cambias de móvil con frecuencia, simplemente porque ha salido un modelo nuevo que te gusta, aunque tu móvil actual te dé aún un buen servicio?
  • ¿La mayor parte de tu ocio requiere entradas para eventos o algo que suponga un coste? ¿Realmente son cosas que te interesan, o simplemente te entretienen?

Si has contestado que sí a varias de estas preguntas, ¡cuidado! Todo apunta a que tú también podrías estar sufriendo sin darte cuenta de un incremento en el coste de tu vida que no te hace más feliz. Porque, si lo piensas bien, ninguno de los puntos anteriores te supone una mejora significativa, pero todos cuestan mucho más dinero.

Dios mío, ¿y ahora qué hago?

Es sencillo. Revisa tu vida. Replantéate qué es lo que realmente te gusta. Separa lo importante de lo superfluo. Seguramente te darás cuenta de que lo que en realidad te aporta valor es pasar tiempo con la gente que aprecias y disfrutar de lo que enriquece tu vida, y que casualmente son las cosas que menos dinero cuestan.

Además, plantéate el ahorro como un reto y una diversión:

  • ¿Qué tal un picnic en el parque en vez de sentarte en una terraza en la acera rodeado de tráfico?
  • ¿Qué tal ir a dar de comer a los patos del parque con tus hijos, en vez de encerrarlos en un centro comercial donde ni siquiera pueden disfrutar de luz natural?
  • ¿Qué tal si le das un repaso completo a tu ropa para tener un fondo de armario minimalista, que te reduce significativamente las ganas de comprar más?
  • ¿Qué tal si pruebas a cocinar algo nuevo en casa, en vez de ir a un restaurante?

Y si necesitas más ideas, en La Hormiga Capitalista tienes una lista muy completa de puntos en los que puedes optimizar tu gasto, sin perder ninguna comodidad. Porque ser Esencialista no significa en absoluto el privarte de comodidades, sino de elegir las que realmente merecen la pena.

Y tú, ¿has experimentado alguna vez este problema? ¿Cómo lo solucionarías? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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