Finanzas para niños: ¿paga sí o paga no?

A mí nunca me dieron paga. Pero tranquilos, ¡no llaméis todavía a los Servicios Sociales! Que es una historia con final feliz.

A estas alturas ya es bastante evidente que tener un buen control de la economía personal es una condición necesaria para una vida tranquila y feliz. Por eso, mucha gente se plantea cómo educar a los niños para que de adultos no sean unos lerdos financieros. Con esta idea en mente, la costumbre más común es darles una paga, con la idea de enseñarles a ahorrar y a manejar su propio dinero.

Preparáos, porque vamos con <modo abuelo cebolleta ON>.

A mí nunca me dieron paga

En contra de la costumbre habitual, mis padres nunca me dieron paga. En mi familia, la misma regla aplicaba para todos: las cosas que necesitábamos las comprábamos, y las que no necesitábamos, pues no. Evidentemente, también nos dábamos algún capricho, en la medida de lo razonable: los domingos, por ejemplo, acompañaba a mi padre al kiosko a comprar el periódico (ah, los ochenta…), y él me compraba unos cuantos sobres de cromos. No tenía la sensación de que me faltara nada. Como cualquier niño, al pasar por una juguetería yo pedía y pedía (que ese es el trabajo de un niño, dar la brasa para que le compren algo). Algunas veces tenía suerte, y otras no. Lo normal.

La idea detras de esto es que el dinero era un activo familiar. Es decir, funcionábamos en plan comunidad: el dinero era de todos, y todos hacíamos lo que podíamos para no gastarlo en idioteces. Yo era responsable de esta tarea al igual que los demás.

Cuando crecí un poco y empecé a salir, la misma regla siguió aplicando: yo pedía algo de dinero para el fin de semana, me tomaba algo con mis amigos y lo que me sobraba lo devolvía. En esto me diferenciaba del resto de la gente de mi edad, que se pulían los 50 euros que tenían cada sábado. Yo intentaba no pasarme, porque entendía que era razonable salir a dar una vuelta, pero ese dinero venía del trabajo de mis padres. Yo no había hecho nada para ganarlo.

Por otro lado estaba el dinero que me regalaban a mí personalmente. Hace 30 años era bastante común darle pasta a los niños: en cada reunión familiar siempre había alguien que me soltaba un billetazo considerable. Este dinero (mi patrimonio personal) se consideraba ahorro para el futuro e iba directamente al banco. No recuerdo haberlo gastado nunca para comprarme nada (que igual sí, oye, con los años uno se olvida, pero no era lo habitual). En particular, en mi comunión acumulé (además de una caja carísima de Rotrings de dibujo técnico sin pies ni cabeza) un capital importante: alrededor de 600 euros, que entonces era UNA PASTA. Este dinero, evidentemente, fue directo a la cartilla.

Como nota de color, mi vecina recibió aproximadamente la misma cantidad ingente de dinero por su comunión. Su madre la llevó a una juguetería y le hizo comprar el juguete más caro que había, una casa de muñecas impresionante que ni siquiera le interesaba demasiado, porque «el dinero es para gastarlo, no para acumularlo». Toma lección de mier… de finanzas personales para un niño.

Mi primer trabajo remunerado

Forward unos cuantos años después, con 17 años empecé a trabajar en mi casa de asistenta. Sí, sí, lo habéis leído bien: de asistenta. Cuando os hayáis repuesto del susto después de leer algo así, pensadlo bien y veréis que es totalmente razonable: mis padres necesitaban a alguien para ayudar con las tareas de la casa, y yo tenía que ayudar porque es lo lógico que debería hacer cualquier hijo, salvo que sus padres quieran criar a un principito inaguantable. En vez de contratar a alguien y pagarle 10€ la hora, yo ayudaba y me lo pagaban a mí. Dinero bien ganado, directo al banco de nuevo.

El resultado de todo esto es que con 22 años me fui a vivir a Estocolmo, y pude mantenerme durante todo el año con mis ahorros y la beca (que no daba ni para vivir un mes, por cierto). Por primera vez tuve el placer de depender sólo de mi dinero. Que no es que fuera necesario, porque mis padres me lo habrían pagado igualmente, pero entendí que ya era hora de que dejara de tirar de los ingresos ajenos.

Mucho tiempo después…

¿Y qué hago yo a día de hoy? Por probar y por hacer el experimento, yo sí le doy paga a mi hijo. Un euro cada domingo, que va guardando en una bolsita. Cada vez que me pide algún juguete, le recuerdo la diferencia entre lo que tiene ahorrado y el precio de lo que sea que quiera en ese momento: hay que ahorrar un poco más.

El resultado es que mi hijo piensa que el dinero:

  • Es algo que te llega periódicamente por que sí, sin que tengas que hacer ningún esfuerzo para conseguirlo
  • Es algo que se guarda con el único objetivo de comprar algo, cuanto antes mejor

Así que probablemente en algún momento dejaré de darle paga y pasaremos al método probado y validado que funcionó conmigo, y que nunca debí abandonar. ¿O no?

Epílogo

La verdad es que pensaba dejar el post en este punto, pero precisamente esta semana leí un post antiguo de Mr. Money Mustache, What I’m teaching my son about money donde cuenta qué estrategias sigue él con su hijo para incentivar precisamente el ahorro y desincentivar el consumismo absurdo. Propone lo siguiente:

  • En vez de dar paga sin más, darle a su hijo cantidades acordadas por cosas como leer libros o hacer kilómetros con la bici. De este modo, no sólo le permite «ganar» su propio dinero (en vez de recibirlo pasivamente, como ocurre con la paga), sino que además le ayuda a crear buenos hábitos que le traerán beneficios en el futuro. Un win-win redondo.
  • Dar a su hijo un interés sobre el dinero ahorrado: más o menos lo mismo que consigues en la vida real si inviertes en un fondo indexado. Con esto, no le impide gastar el dinero, pero le enseña que ahorrar tiene muchos beneficios sobre gastar, especialmente si es en cosas que no necesita.

Me parecen dos iniciativas geniales, que probablemente aplicaré yo también. Si tenéis interés, no os perdáis el artículo de Mr. Money Mustache, porque en mi opinión lo clava.

¿Y tú, qué opinas? ¿Paga sí o paga no? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

4 comments
  1. Bastante de acuerdo en todo pero… ¿y si pagar a los niños por hacer cosas hace que solo quieran hacer cosas por dinero? ¿No es un riesgo?

    1. Hola Ra!
      Entiendo lo que plateas. La clave yo creo que está en elegir las tareas: yo creo que no hay que pagar a un niño por tareas que claramente tiene que hacer (como recoger sus cosas, o ser cariñoso con sus hermanos), porque ahí el incentivo económico no tiene sentido y de hecho corrompe un poco la idea detrás de esas cosas que son buenas en sí mismas. La gracia está en incentivar cosas que requieren hábito y al principio tal vez cuestan un poco, pero una vez que se hace inician luego se establecen para siempre (como leer, o hacer ejercicio).
      Un saludo!

  2. Una reflexion muy interesante. Me gusta la idea de que la paga sea a cambio de algo. Por ejemplo, a cambio de sacar buenas notas regularmente, recoger el plato de la mesa, ordenar los juguetes cuando ha terminado de jugar con ellos…

    Lo mas importante es enseñar a administrar el dinero que se gana o se posee adecuadamente: elegir cuanto vamos a destinar a ayudar a los demas (a ONGs por ejemplo), al ahorro, al ocio etc…

    Personalmente, soy partidaria de que la educacion financiera se trate desde las edades mas tempranas.

    Un abrazo!

    1. Hola Ana!
      En la línea de lo que comentaba Ra, yo creo que lo positivo es efectivamente elegir bien qué tareas se incentivan así, y cuáles se fomenta desde otra perspectiva (por ejemplo, ayudar a un amigo nunca puede tener un incentivo económico).

      Muy de acuerdo contigo con el tema de la educación financiera. Tengo además la sensación que, más allá de los métodos concretos, nuestra propia relación con el dinero y el gasto es lo que de alguna manera transmitimos a nuestros hijos. Así que más motivos para ser responsables 🙂

      Un saludo!

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