El factor latte

 

Hay una expresión en inglés, small leaks sink great ships, que viene a decir algo así como que pequeñas fugas hunden grandes barcos. Es una de estas frases que tienen múltiples aplicaciones, porque explica un principio básico de la vida, y es que pequeñas acciones repetidas una vez y otra tienen efectos mucho mayores de lo que tendría cada acción individual.

Así a bote pronto se me ocurren decenas de escenarios diferentes en los que esta expresión tiene sentido. Sin embargo, siendo Esencialistas un blog sobre ahorro y libertad financiera, nos interesa especialmente su aplicación a la economía personal. Y de eso hablamos hoy, del impacto que tiene la suma de múltiples pequeñas decisiones económicas en la salud financiera de cada uno.

Por evolución, los humanos tendemos a elegir los escenarios que nos resultan más cómodos, con el objetivo de ahorrar energía. Y también por naturaleza humana, una vez tomada una decisión, solemos justificarla en vez de cuestionarla (de ahí que sea tan complicado hacer cambiar de opinión a alguien, ni siquiera con los hechos en la mano). Una consecuencia de esta idea general es que nos cuesta cambiar de hábitos, incluso cuando nos perjudican, y buscamos siempre explicaciones que nos permitan mantener el mismo comportamiento indefinidamente. ¿Un ejemplo? Los cambios necesarios para mejorar la tasa de ahorro.

En general, se tiende a menospreciar el impacto que tienen los pequeños gastos diarios en el ahorro anual. Sin hacer números, es verdad que el precio de un café en un bar parece despreciable comparado con el coste mensual del alquiler, y comprar algunas cosas en un centro comercial no es significativo comparado con la cuota del seguro del coche. La realidad es que a la mayoría nos gusta consumir y comprar (a unos más que a otros…), pero en vez de analizar el coste real que supone ese hábito, con frecuencia se oyen cosas como “total, no voy a ahorrar nada de todos modos”, “si no me puedo dar un capricho, para qué trabajo” y frases por el estilo.

La realidad es que estos gastos sí son muy relevantes, y pueden ser la diferencia entre tener que trabajar más o menos años. Y todos queremos dejar de trabajar, ¿verdad?

Es verdad que los gastos diarios y recurrentes son pequeños comparados con desembolsos más importantes, pero no se suele tener en cuenta que, mientras que los gastos elevados suelen estar muy identificados y reducidos a unas cuantas veces al mes, a diario estamos incurriendo en montones de gastos minúsculos y a veces innecesarios que sumados tienen un efecto negativo y real sobre el ahorro familiar.

Esto ya lo comentábamos hace tiempo por aquí en nuestro post sobre el efecto en el ahorro del interés compuesto, donde hablábamos del coste real de las cosas cuando tenemos en cuenta lo que supone ese gasto extendido en el tiempo, o dicho de otro modo, el coste de oportunidad asociado a cualquier gasto. También habla de ello en detalle J.D Roth en este estupendo artículo de Get Rich Slowly, con citas de Séneca y Benjamin Franklin y todo, oye. Un tío culto.

El mensaje clave es que ser frugal (importante: frugal, no tacaño ni rata) puede tener una relevancia enorme sobre la salud financiera de una persona. Es importante aclarar que, evidentemente, ser frugal no lo es todo: sin unos ingresos razonables, o en situaciones complicadas que suponen grandes gastos, es imposible ahorrar. Pero mientras que todo el mundo entiende la importancia de estos grandes ingresos y gastos, generalmente se subestima la importancia de ser capaz de reducir los gastos superfluos y que generalmente aportan poco. Enter minimalismo, amigos.

Siguiendo con la idea de las justificaciones, mucha gente critica esta disciplina de ahorro con la excusa de que el dinero está para gastarlo y que hay que disfrutar la vida. Pero entonces, ¿estamos diciendo que la felicidad está basada en comprar cosas y gastar dinero? En este punto ya tenemos claro el concepto de la inflación del estilo de vida, y sabemos que gastos adicionales una vez cubiertas las necesidades básicas y “un poco más” no nos hará más felices, ¿a que sí?

Esta idea está recogida en el concepto del factor latte, como cuenta este artículo de la revista Forbes, que simplemente viene a decir que eliminando los gastos reducidos y recurrentes, como tomarte un café a diario, puedes mejorar significativamente tu situación financiera. Se habla del latte (un café con leche un poco pijo, vamos) porque es una costumbre estadounidense, pero realmente se refiere a cualquier gasto pequeño y repetido en el tiempo (no sé, en España igual lo podríamos llamar el factor caña. Si este término coge fuerza, exigiré el pago de royalties o algo).

Como dice David Bach, autor del libro El Millonario Automático, ademas del propio libro The Latte Factor, “cambiar ligeramente tus hábitos puede ayudarte a cambiar tu destino». Y tú, ¿tienes el control del tuyo?

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