Cuando el dinero sí da la felicidad

Que el dinero no da la felicidad es una de las frases que más se habrán dicho a lo largo de la historia. Sin embargo, si alguien se lo creyera, no estaríamos todos como estamos haciendo el idiota a lo largo y ancho del mundo con el único objetivo de conseguir más pasta. Pero sólo faltaría que en un blog sobre Minimalismo fuéramos a defender semejante principio, así que permitidme modular un poco la frase: el dinero no da la felicidad… cuando ya tienes suficiente.

La clave está en el concepto de “suficiente”, que varía enormemente de una persona a otra. Como hemos comentado muchas veces por aquí, la independencia financiera se alcanza cuando los ingresos (pasivos) superan a los gastos, o dicho de otro modo, la riqueza de cada uno es la diferencia entre cuánto tiene y cuánto necesita. Por desgracia, la cantidad de ingresos es difícil de manejar, porque depende de montones de factores externos (cuánto te pagan, a qué te dedicas, cuántas horas puedes dedicar a trabajar). Sin embargo, cuánto necesitas para vivir como quieres, es decir, cuánto es “suficiente”, es un concepto que es subjetivo y está en gran medida bajo tu control.

Evidentemente, siempre hay un mínimo imprescindible, que acorde a la famosa pirámide de Maslow viene a ser tener las necesidades básicas cubiertas (un lugar para vivir, suficiente para comer, sanidad y seguridad). Pero por encima de eso está la enorme franja de “suficiente”, que si eres capaz de controlar a valores razonables, te permite ser feliz con mucho menos (o mucho antes que los demás). Enlazando con el primer párrafo, una vez que tienes una vida relativamente cómoda y segura, está demostrado que más dinero no te hará más feliz. De hecho, como comentaba hace poco Michael Lawrence en Get Rich Slowly, el esfuerzo y el sacrificio requerido para conseguir más ingresos pueden hacerte más infeliz, al traducirse a menudo más horas en la oficina, menos tiempo para tu familia y amigos y menor cuidado de la salud y el bienestar personal.

Pirámide de Maslow dibujada por J. Finkelstein, traducido por Mikel Salazar González (enlace)

 

En definitiva, se puede considerar que alguien tiene suficiente cuando vive con comodidad y “un poco más”, que es lo que desde aquí siempre insistimos en reducir al mínimo económico. A todo el mundo le gusta tener algo de holgura para comprar alguna cosa y salir o viajar. Todo eso cuesta dinero. Si tu satisfacción depende de muchas de esas cosas materiales, eres esclavo de tu capacidad de generar ingresos. Está en tus manos reducir el peso de tus cadenas.

Todo esto que parece un rollo filosófico tiene una base científica y práctica detrás: un estudio realizado por Daniel Kahneman (Nobel de economía) y Angus Deaton fijó la cantidad de ingresos anuales por encima de los cuales no aumenta significativamente el nivel de felicidad: para una persona viviendo en EEUU, ese umbral son 75.000 dólares anuales. Aquí tenéis un artículo de la revista Time si queréis una explicación más extensa.

Antes de que nadie se lance a sacar conclusiones, hay que leer bien el estudio. Lo primero que viene a la cabeza es que cómo un Nobel de economía ha podido salir con semejante estupidez, porque para empezar, si hubiera alguna relación entre dinero y felicidad, tendría que estar ligado siempre a nivel de vida y no a ingresos. Incluso dentro de un país como EEUU, 75.000 dólares es una cantidad totalmente distinta si vives en un pueblo perdido de Oklahoma o si vives en San Francisco, una ciudad donde seguramente eso sea lo que te cueste la tintorería.

El estudio parecería tener más sentido si hablara de nivel de vida, es decir, poder adquisitivo. En ese caso, confirmaría lo que hemos comentando antes sobre la pirámide de Maslow: una vez alcanzado el nivel de “suficiente”, más dinero no te hará más feliz. Al mismo tiempo, alguien que tenga un poder adquisitivo inferior al que le permite cubrir sus necesidades básicas, probablemente estará estresado y preocupado. La felicidad es algo por lo que uno se preocupa cuando tiene la barriga llena y los pies calientes.

Lo que probó el estudio realmente es que por debajo de una cantidad que más o menos cubre las necesidades de las personas encuestadas (se trata de un estudio empírico, por cierto, de ahí que salga una cantidad algo arbitraria), la gente reporta sentimientos de ansiedad o angustia ante las adversidades de la vida. Por encima de esa cantidad, los motivos de infelicidad están asociados a factores no económicos, como la salud o las relaciones personales. Es decir, corrobora que una vez alcanzado el nivel de “suficiente” (que para un grupo de 45.000 estadounidenses tipo resulta ser alrededor de 75.000 dólares), el dinero no parece tener influencia sobre la felicidad de cada cual, sino otros factores más relevantes como la salud, las relaciones afectivas con otros seres humanos y la realización personal.

Y para ti, ¿cuánto es suficiente?

1 comment
  1. Que tema, gracias por tocarlo y ponerlo cerca nuevamente.

    En lo personal creó que este tema es muy filosófico, hay muchos filósofos que han abordado la felicidad y lo material, me viene a la cabeza Diógenes de Sinope por el 400 a.c, o Zygmunt Bauman ya en el 2.000.

    Independientemente de lo filosófico todos tenemos este debate, qué hay que sumarle el entorno social en el que uno está. Nos sucede que muchas veces estamos rodeados de gente (en un barrio, viaje o con conocidos o amigos) que tiene menos que nosotros y nos alegramos de tener lo que tenemos y en el sentido opuesto muchas veces rodeados de más cosas, opulentas llamémosle sentimos que queremos más.
    Entonces ahí se despierta el tema de pertenecer y lamentablemente en esta época se mide mucho por lo que tienes, lo qué muestras y subirlo rápido a las redes.
    Hay mucha gente qué vive en ese círculo, moda, autos, celulares, etc y lamentablemente muchas veces bajo endeudamiento y otras bajo el estrés de cada vez más para alimentar ese consumismo.

    Yo por suerte me doy mis gustos, pero le pongo criterio, me tomo mi tiempo, trato de que el dinero de mi trabajo primero vaya a cosas básicas, luego invertir algo, ahorro y luego gustos.

    Saludos

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