Dar el salto al minimalismo. Segunda parte: el proceso

De los creadores de «Primera parte: el motivo», ahora llega la segunda parte: «¿cómo coj**** lo hago?»

Si leíste nuestro primer artículo sobre la decisión inicial de pasarte al minimalismo, es posible que ahora te estés planteando cómo dar ese salto. A fin de cuentas, no es fácil: tras una vida entera acumulando cosas, no es sencillo cambiar por completo de hábitos. O tal vez ya lo has hecho, y en ese caso probablemente te reconocerás en estas líneas.

A grandes rasgos, para adoptar un estilo de vida minimalista hay que atacar en dos frentes:

  • Eliminar todo el exceso acumulado para quedarte sólo con lo esencial
  • Dejar de comprar y acumular nuevas cosas

Ambos requieren un esfuerzo importante, pero tienen enfoques muy diferentes: mientras que eliminar requiere un esfuerzo mental y es un trabajo que hay que ejecutar una sola vez, dejar de comprar supone un cambio de actitud que afecta a tu vida tal y como la has estado viviendo hasta ahora. Lo bueno es que una vez eliminado todo lo superfluo, la sensación de paz que conlleva te quita bastante las ganas de acumular de nuevo. Así que nosotros recomendamos abordar primero la fase de eliminar, y una vez completado incorporar el cambio que supone dejar de comprar.

Reducir a lo esencial

Este paso es sencillo de definir: se trata de eliminar todo lo que sobra y quedarte sólo con lo verdaderamente importante. Pero claro, ¿qué es lo importante? Expertos como Marie Kondo recomiendan quedarte sólo con lo que te hace feliz, mientras que otros recomiendan quedarte únicamente con lo que es útil. Realmente no es imprescindible seguir un enfoque u otro, sino encontrar el que se adapte mejor a tí. Como propuesta, deberías eliminar:

  • Cosas que no te gustan y no deberías haber adquirido: todos cometemos errores de este tipo. No hace falta que te tortures quedándote con estos objetos; simplemente libérate de ellos y pasa página.
  • Cosas que tuvieron su utilidad pero ya no la tienen (hobbies que ya no practicas, cosas que ya no encajan con tu estilo): como cuenta Dan Ariely en su libro Predictably Irrational, la mente humana es muy reacia a desprenderse de cosas que suponen eliminar alternativas, pero hay que ser realista: líbrate de lo que no vas a utilizar.
  • Cosas que te gustan mucho pero ya están estropeadas y no puedes o no quieres usar más: no te preocupes, los objetos que te dieron un buen servicio han cumplido su función y no van a ofenderse porque no los guardes para siempre. Simplemente siéntete agradecido por la utilidad que tuvieron y déjalos marchar.
  • Porquerías varias: esto ni me molesto en explicarlo. Tíralo ya.

Marie Kondo recomienda no centrarse en lo que quieres eliminar, sino centrarte en lo que quieres conservar y deshacerte de todo lo demás. Es una forma positiva de verlo, pero el resultado es el mismo: quédate sólo con lo que realmente te aporta un valor.

En cuanto al momento para abordar la fase de eliminación, hay quien propone aprovechar una mudanza: es una buena idea, porque te ahorras cargar con trastos inútiles y de algún modo empiezas desde cero. También puedes aprovechar una reforma, o cualquier cambio que te suponga tener que mover tus pertenencias. Pero yo creo que es también muy efectivo ejecutar esta tarea sin que coincida con ningún otro cambio importante en tu vida: de este modo notarás aún más el efecto y podrás comprobar que reducir a lo esencial realmente tiene un impacto evidente y positivo.

No lo vamos a negar: tirar cosas es difícil. Nosotros estamos de acuerdo en el enfoque que propone hacerlo de una vez y de forma radical, y no poco a poco: aprovecha la energía mental mientras te dure para librarte de todo lo que no necesitas. Puede ser una tarea ardua incluso si estás convencido de querer hacerlo. Por eso, puede ser buena idea ayudarte de un libro que te motive y te guíe en el proceso. Aunque parece un bestseller muy trillado, el libro de Marie Kondo «La Magia del Orden es realmente una buena guía hacia el minimalismo, incluso si decides no incorporar todos y cada uno de sus consejos.

En general, y aunque esta cifra no aplica a todo el mundo por igual, en media deberías quedarte aproximadamente con el 20% de lo que posees.

Y, por supuesto, donde pone «tirar» siempre puedes leer «donar» o «vender».

Dejar de comprar lo innecesario

Dejar de comprar es una tarea complicada, especialmente en la sociedad de consumo en la que vivimos, enfocada precisamente a la compra impulsiva y poco meditada. Es difícil salir de la dinámica en la que te has visto inmerso hasta el momento, y en la que se mueve la mayoría de la gente que conoces. Por suerte, el cambio disruptivo que supone reducir tus pertenencias al mínimo ayuda mucho en este sentido: si no lo has hecho ya, te recomendamos ejecutar la fase de eliminación primero.

Cada persona tiene sus motivaciones y su forma de abordar los cambios, pero aquí van algunas recomendaciones de otra gente que ya ha dado este paso. Para reducir el volumen de compras, puedes probar lo siguiente:

  • Entender lo que realmente supone el consumo para la sociedad y para el medio ambiente. En blogs como Vivir Sin Plástico, Organics Magazine o nuestro artículo sobre la Slow Fashion tienes información para ayudarte a tomar decisiones más conscientes y rechazar el hiperconsumismo.
  • Postponer tus decisiones de compra durante unos días, una semana o incluso un mes. Con este sencillo truco reduces las compras impulsivas, que se te plantean como «necesito…» pero sencillamente se difuminan y desaparecen si dejas pasar un tiempo razonable. Si pasado el tiempo que te has marcado sigues pensando que la compra te aportará algo, adelante.
  • Directamente evitar las zonas de compras y los centros comerciales. Hay que asumirlo: como os contábamos en este post sobre el neuromarketing, hay infinidad de técnicas y estrategias enfocadas únicamente a hacerte gastar, y además aprovechan la parte menos racional de tu cerebro. Por muy convencido que estés de no querer comprar nada superfluo, es una batalla de uno contra muchos, y cualquiera puede flaquear. Así que a veces es mejor alejarse de las tiendas para no caer en la trampa (e incluso así, a veces caerás: tampoco pasa nada)

La buena noticia es que, como cuenta Mr. Money Mustache en su blog, la frugalidad es un músculo que se entrena. Así que aunque al principo te veas una vez y otra cayendo en los mismos hábitos y te cueste resistirte, poco a poco verás cómo te vas volviendo inmune a los reclamos más evidentes, y de alguna forma el marketing tendrá cada vez menos efecto en tí. La sensación de ver objetos y no desear comprarlos es parecida a la de ver comida cuando no se tiene hambre, y es realmente liberadora. Si has llegado a este punto, enhorabuena: has conseguido escapar de las garras del consumismo, y los beneficios serán pronto evidentes 🙂

Y tú, ¿te has pasado ya al minimalismo? ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Con qué dificultades te encontraste? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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