Comprando a granel: Pepita y Grano

Cualquier excusa es buena para salir a gastar, con eso de que somos minimalistas, sostenibles, frugales y tal

Hace tiempo que seguimos la pista a cuentas como Colectivo Zero Waste, Desnuda La Fruta, Vivir Sin Plástico y otras parecidas, que tienen en común un rechazo total a la cantidad de envases y plásticos que usamos y tiramos en el día a día. Así que teníamos muchas ganas de probar a comprar en una de las tiendas a granel que han ido abriendo últimamente (nostros conocemos algunas en Madrid y Barcelona, pero seguro que vosotros conocéis muchas en otras ciudades).

Bien pensado, lo que parece una novedad de estos tiempos modernos no es más que la forma en la que se había hecho la compra toda la vida: recuerdo desde siempre los sacos de legumbres en los mercados y en las tiendas de ultramarinos de barrio. En una tienda de Chamberí comprábamos hace muchos años así incluso la pasta. Pero con las prisas del día a día, hacía mucho tiempo que ya no veía este tipo de tiendas (por muy Esencialistas que seamos, al final si tenemos una hora para hacer la compra corremos al supermercado y listo: la supervivencia es lo importante).

La verdad es que hasta ahora nunca habíamos comprado a granel casi nada (salvo el té, pero donde nosotros lo compramos lo preparan en unos paquetes de papel con aluminio y plástico que no parecen muy ecológicos). En el supermercado intentamos evitar el sobreenvasado en la medida de lo posible, pero comprar a granel es otra cosa.

La ventaja de las tiendas dedicadas a la venta a granel es que tienen muchos productos diferentes (no sólo legumbres, que es lo más clásico). Por cuestiones de higiene y durabilidad suelen ser alimentos secos o desecados, así que aunque no tengas a mano una tienda de este estilo, puedes ir de vez en cuando y hacer una compra considerable: todo te durará bastante tiempo.

Así que armados con nuestro saco de tarros de cristal, elegimos una y allá que fuimos.

Pepita y Grano: la nueva vieja tienda de barrio

¿Por qué elegimos Pepita y Grano? Pues la verdad, por casualidad: buscando recetas de cocina nos encontramos con este artículo que hicieron en El Comidista sobre la compra a granel (artículo, que por cierto, os recomendamos leer). En él mencionaban una tienda que no nos pillaba tan lejos, y para qué negarlo: con lo que contaban nos entraron unas ganas locas de ir a visitarla. ¿Especias? ¡Sí! ¿Legumbres? ¡Sí! ¿Té? ¡Todo ventajas! Por cercanía, fuimos a la tienda de Santa Engracia 77, en Madrid.

No os vamos a dar la turra con cosas que ya contó Rodrigo Casteleiro en el artículo que os hemos indicado arriba, pero el resumen es que Gustavo Fabián y Cristina Sánchez decidieron abrir Pepita y Grano tras ver una tienda a granel en Barcelona. Tuvieron el acierto de ver la compra a granel como el futuro en un planeta cada vez más saturado de residuos, y -por suerte- con una conciencia ambiental creciente.

Hoy en día tienen varias tiendas repartidas por toda la Península. Y esperamos que tanto ellos como otros decidan continuar con la tarea de abrir más establecimientos de este tipo, porque seamos sinceros: por un lado está la gente que ni se fija en la sostenibilidad y le importa un cuerno, pero incluso los que sí nos preocupamos por estos temas flaqueamos bastante si tenemos que dedicar una proporción alta de nuestro escaso tiempo libre para ir a comprar cuatro lentejas.

Comprando a granel: ¿Esto cómo se hace?

¿A tí también se te acumulan los tarros de cristal en casa? ¿Cada vez que consumes algo en tarro te entra angustia existencial de pensar en tirar tanto vidrio? ¿Acabas con un armario lleno de tarros sin tapa, una montaña de tapas sin tarro, y cada vez que vas a sacar algo te cae encima una avalancha de botes poniendo en peligro tu integridad física? Pues si es así, estás de enhorabuena: por fin puedes darle un buen uso a ese stock industrial de frascos.

Para comprar en Pepita y Grano puedes ir con las manos en los bolsillos, y ellos te proporcionarán bolsas de papel para todo lo que compres. También tienen tarros de vidrio reusados que ponen gratis a tu disposición. Pero también puedes llevar tus propios tarros vacíos: en el mostrador de la entrada te los pesarán, y restarán su peso del total una vez los llenes y los lleves de vuelta para pagar.

Nosotros preparamos una bolsa de tela llena de tarros de diferentes tamaños, y volvimos con casi todos llenos.

¿Qué se puede comprar?

La tienda tiene forma de tubo, muy estrecha y alargada. Según se entra hay una estantería con diferentes tés. Más adelante está el grueso de la tienda: legumbres, arroces, pasta y harinas en grandes sacos. En unas mesas elevadas, frutos secos y frutas desecadas. Al fondo, bombones y dulces. Y por toda la pared, en tarros más pequeños, una enorme selección de hierbas y especias.

Además de las versiones más comunes de estos productos, en Pepita y Grano tienen mezclas muy interesantes ya preparadas: arroces con verduras desecadas para hacer risottos y cazuelas, legumbres combinadas para hacer purés y frutos y semillas para desayuno. También tienen algunos productos estrella: lenteja caviar y arroz verde de Vietnam, entre otros.

Nosotros tuvimos un poco de mala suerte esta vez, porque con la perspectiva de la Semana Santa, nos explicaron que habían traído poca cantidad de algunos productos, y estaban agotados. ¿Cómo dices? ¿Que tenemos otra excusa para volver?

Y de precio, ¿qué tal?

Pues esto es muy relativo. Comparado con comprar las legumbres y harinas más baratas del supermercado, sí, es un poco más caro. Pero la diferencia fundamental es que en Pepita y Grano trabajan con productos de cercanía, así que además de reducir el impacto de usar cantidades de envases, evitas el impacto que supone hacer viajar a unos pobres garbanzos miles de kilómetros en avión.

Por otro lado, es más barato que comprar legumbres ecológicas en tiendas de alimentación natural, como hacíamos nosotros (las lentejas rojas, por poner un ejemplo concreto, son más baratas aquí que en un herbolario). Por lo que yo ví, y corregidme si me equivoco, en Pepita y Grano no trabajan con productos Bio, lo que modera un poco el precio.

Al final, nosotros compramos lo siguiente:

  • Una mezcla de habas, guisantes y lentejas para hacer puré de legumbres, que una vez cocinados 20 minutos en casa resultaron hacer una crema riquísima
  • Lentejas rojas «coral», pendientes de probar, pero que son preciosas para tener en la despensa
  • Un arroz con verduras y curry para risotto, que resultó ser con diferencia lo más caro de nuestra compra
  • Arándanos rojos secos sin azúcar (algo muy difícil de encontrar, porque normalmente la fruta seca suele estar acompañada de sirope de glucosa y cosas similares)
  • Una bolsita de pétalos de rosa para infusión por 60 céntimos (baratísimo comparado con lo que habíamos visto en otras tiendas)
  • Cacahuetes «del infierno», especiados con chile picante: sólo he conseguido comerme uno
  • Algunos bombones que hemos conseguido esconder de los niños a duras penas
  • Melón seco, que no llegó a casa porque lo devoraron en el coche (¡hay muchas otras frutas secas en Pepita!)

Y lamentablemente nos quedamos con ganas de probar otras cosas, como la lenteja caviar, el risotto de trufa y el té, que nos pilló ya tarde y con el ticket de aparcamiento casi vencido. Pero no pasa nada: la semana que viene volvemos 🙂

Y tú, ¿conoces alguna tienda a granel? ¿cuál es tu favorita? ¡Recomiéndanosla en los comentarios!

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