Ahorrar en suministros

Una vez conocí a un tío que no tenía agua corriente en casa y se la llevaba del trabajo en garrafas. Aquí te damos algunos consejos menos cutres para ahorrar en suministros

Los suministros (electricidad, agua, gas) son los típicos gastos que erosionan el ahorro mes a mes. Y por tanto intentar que sean lo más bajos posibles debe ser el objetivo de cualquier Esencialista.

Y es que, como ya comentamos en el post de Pensando en Interés Compuesto, un ahorro recurrente puede convertirse en el futuro en una cifra muy importante. 10 euros al mes pueden parecer muy poco, pero bien invertidos pueden ser más de 8.000 euros dentro de 20 años.

¿Cómo ahorrar en suministros?

Hay dos formas principales de ahorrar en suministros, y hay que juntar ambas para maximizar el ahorro. Una es reducir el consumo. La otra es tener la mejor tarifa posible. En algunos casos es más fácil una que otra, pero no se deben poner prioridades: hay que maximizar el ahorro intentando actuar sobre ambas variables.

Vamos a estudiar cómo ahorrar en los tres suministros habituales en un hogar.

Agua

Ahorrar en el consumo de agua debe ser un objetivo clave -no solo para nuestro bolsillo, sino también para el medio ambiente- pues el acceso al agua potable va a ser uno de los problemas graves de este siglo según los efectos del cambio climático se hagan más evidentes.

La primera estrategia para ahorrar agua es… cerrar el grifo si no se usa: al cepillarse los dientes, al afeitarse, mientras se cocina, al enjabonarse en la ducha… son consejos básicos que creemos que cualquier persona razonable aplicaría pero a veces nos sorprendemos de lo que se ve por ahí.

El segundo consejo es actuar sobre los dispositivos que dispensan agua: el otro día hablamos de grifos y propusimos algunas alternativas de ahorro. También es conveniente tener cisternas de doble botón y usarlas correctamente. Incluso algunas permiten regular el número de litros de cada pulsación y lo conveniente es ponerlas al mínimo. Eso sí, no suele ser rentable económicamente cambiar todos los grifos o cisternas de golpe: generalmente es mejor esperar a que se estropeen.

En cuanto a la elección del suministrador más barato, en esta ocasión no se puede hacer nada ya que las empresas que suministran el agua son monopolios públicos. Eso sí, hay que aprovechar descuentos por familia numerosa o por tener mucha gente viviendo en la misma casa, pues estos descuentos pueden ser significativos.

Electricidad

En electricidad también hay varias estrategias de ahorro. La primera es intentar que los electrodomésticos tengan una buena eficiencia energética, sobre todo la nevera (que está consumiendo todo el día). Lo ideal es ir sustituyéndolos según se estropean por unos más eficientes. Eso sí, saber el punto ideal es complicado, ya que a lo mejor pasar de una clase de eficiencia a otra supone un coste mucho mayor que el ahorro energético durante la vida útil del mismo. Por tanto es conveniente consultar comparadores de electrodomésticos como el del OCU que calculan el precio total del aparato, contando el consumo energético.

Idealmente las bombillas de la casa deberían ser de LED, pero realmente el ahorro en iluminación es más bajo de lo que se suele decir. Para hacerse una idea: una bombilla incandescente de 100W gasta menos de 2 céntimos a la hora. Aquí lo mismo, según se van estropeando bombillas lo suyo es sustituirlas por unas de LED.

Y aunque en verano haga calor, lo ideal es poner el aire acondicionado lo menos posible. Es el aparato eléctrico que más consume y es fácil que el coste de consumo se vaya por encima de los 160-200 euros al año por habitación enfriada.

Para ahorrar en la factura también es importante elegir bien la compañía. Actualmente en España hay dos mercados: el libre y el regulado. El regulado (también llamado precio voluntario del pequeño consumidor, PVPC) deja unos márgenes a las comercializadoras muy bajos, así que es lo ideal para el consumidor. El mercado libre siempre acaba costando más, es mejor no dejarse atraer por las llamadas «tarifas planas». El coste de la electricidad en el mercado mayorista es variable, y si las compañías ofrecen tarifas fijas o planas lo que están haciendo es cobrar más. Es como pagar la electricidad y un sobreprecio para absorber las posibles subidas variables (las empresas lo calculan muy bien para no perder nunca y el comsumidor no tiene tanta información). Además, la tarifa PVPC permite acogerse al bono social. Es importante comprobar si se tiene derecho a él porque el descuento es de un 25% simplemente por hacer papeleo (tedioso pero no imposible).

Otra cosa importante en el contrato de electricidad es la potencia contratada. Nadie debería tener más de 4,6 KW contratados a no ser que tenga algún motivo muy concreto (calefacción eléctrica o vehículo eléctrico). La mitad de la factura es simplemente la potencia contratada, así que es crucial acertar bien en este punto.

Dentro de las tarifas electricas hay dos modalidades: con o sin discriminación horaria. Con discriminación horaria en la hora valle (noctura, de 22h a 12h en invierno y de 23h a 13h en verano) la electricidad cuesta la mitad, y en hora punta (por el día) cuesta un poco más que sin discriminación. Aunque se piense que el consumo por el día es mucho mayor lo cierto es que casi siempre es mejor con discriminación horaria ya que por la noche (cuando la nevera, el router wifi y otros aparatos siguen consumiendo) la electricidad sale mucho más barata a cambio de un pequeño incremento por el día. Además siempre se puede aprovechar poniendo las lavadoras y lavavajillas por la noche o por la mañana (el horario valle llega hasta el medio día como hemos visto).

Una última estrategia para ahorrar en electricidad es poner placas solares, pero esto merece un post aparte.

Gas

Ahorrar en gas es algo más complicado, pero no imposible. Ya hemos visto que eligiendo un grifo correcto se puede ahorrar, ya que con la apertura en frío se puede reducir el consumo de agua caliente y por tanto también de gas. También reduciendo la temperatura del calentador (siempre que no haya acumuladores, en este caso no es conveniente porque acumular agua por debajo de 70 grados permite que surgan algunas bacterias como la legionella).

En calefacción se puede ahorrar poniendo termostatos en los radiadores de cada habitación, para no gastar más de lo necesario, aunque habría que estudiar con detenimiento la efectividad versus a la inversión necesaria. Y también bajando la temperatura del termostato principal por la noche y en los momentos en los que no hay nadie en casa. Lo mejor es un programador o incluso una aplicación en el móvil que lo controle.

También existen soluciones más caras para mejorar el consumo de gas en calefacción como es aislar mejor la vivienda. Esto puede implicar cambiar ventanas o inyectar aislantes en las paredes. Ambas cosas son obras mayores de difícil retorno económico, así que hay que plantearlo cuando las ventanas no estén bien, se quiera hacer una reforma seria a la vivienda o porque nos preocupe más el medio ambiente que el dinero.

Respecto a la tarifa de gas, al contrario que en la electricidad, el mercado regulado suele ser más caro que el libre. Lo ideal es ir a la web de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, y con los datos de consumo del último año elegir la mejor tarifa del momento. Y por supuesto revisar cada año el proceso.

Ahorrar es posible

La conclusión de toda esta chapa es que ahorrar en suministros es posible. Y aunque sea tedioso revisar todos los puntos a la larga se nota en el bolsillo y en el medio ambiente. Merece la pena.

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