Ahorrar agua y energía es posible (con el grifo adecuado)

Pista: no, el de la foto no es el adecuado

Jamás me había planteado que un grifo fuera algo a lo que dedicar más de un minuto de reflexión, hasta que hicimos la reforma de nuestra casa. Para mí, un grifo era un objeto que accionando un mecanismo producía agua, punto (bueno, para ser justos, sí veía una diferencia sustancial entre uno monomando y uno antiguo con dos manetas separadas para agua fría y caliente, pero poco más).

Así que cuando llegó la hora de elegir qué grifos poner, la conversación fue más o menos así:

-Ya he mirado los grifos… tengo varios elegidos, ¡espero que te gusten! El que más me gusta es uno de apertura en frío, pero es un poco más caro, lo ponemos en el baño principal, ¿no? También he elegido el de la ducha principal, pero no combina con el del lavabo, ¿te importa?
-¿Qué?
-… Había visto varios con ahorro de agua pero uno es horrible, ¡tiene la maneta como arqueada! ¿Qué te parece éste? Es como muy cuadrado, ¿no? Éste también ahorra agua y puede ir en el baño pequeño, ¿te parece bien?
-¿Qué?
-… Hay que elegir el de la cocina. He visto uno con apertura en dos fases para ahorro de agua. Es mejor que la reducción de caudal, ¿verdad? Tiene la maneta abajo, mejor que lateral… ¿Qué te parece? Me gustan estos, pero podemos llegar a un acuerdo, ¿qué opinas?
-¿Qué?

Sin embargo, visto ahora en perspectiva, sí que hay diferencias significativas entre unos grifos y otros, no sólo en tema estético (aquí cada uno tiene sus gustos), sino en términos de ahorro, tanto de agua como de energía. Y esto es importante, porque por un lado supone un ahorro económico, pero además es clave de cara a la sostenibilidad, algo que todo el mundo debería tener en mente (necesite ahorrar dinero o no).

Dicho esto, cambiar todos los grifos de la casa puede suponer demasiado desembolso. Pero como de vez en cuando se estropean y hay que sustituirlos (en mi experiencia el del fregadero de la cocina es el que más se viene abajo), si estás pensando en cambiar alguno (o, por supuesto, si tienes alguna reforma en mente), aquí va una lista de opciones a tener en cuenta.

Apertura en frío (o Cold Start)

Para mí, sin duda, el mejor invento de todos. En cualquier estancia de la casa (a menos que estés a 3 cm del calentador o de la entrada de agua caliente a la vivienda) pasa un tiempo variable desde que abres el grifo de agua caliente hasta que el agua sale realmente caliente. De hecho, al principio sale completamente fría -este efecto se nota más en invierno que en verano, y depende de factores como la propia fontanería, si las tuberías pasan cerca de una pared exterior o no, si van cerca de los tubos de calefacción o no, etc-.

Esto ocurre, evidentemente, porque una vez que abres el grifo empieza a fluir agua caliente desde el calentador, pero primero tiene que salir todo el agua que estaba en la tubería desde el calentador hasta el grifo. Esta tubería normalmente está fría, así como todo el agua que contiene. Además, mientras el agua caliente va pasando por ella, va enfriándose también, hasta que todo el agua fría ha salido de la tubería, y además la tubería se ha calentado.

En mi propia experiencia todo este proceso puede tardar un par de minutos, y (lo he medido) se traduce en 10 litros de agua potable tirados por el desagüe, mientras esperas que el agua de la ducha esté razonablemente caliente. Si vas a lavarte las manos, o los dientes, o cualquier otra cosa que dure poco tiempo, el resultado es que usas agua fría aunque estás consumiento energía para calentar ese agua (en la práctica se traduce en que el agua caliente que salió del calentador nunca llega caliente a tu grifo, se usa para calentar las tuberías de la instalación, que se calientan brevemente y luego se enfrían poco a poco, hasta que vuelvas a abrir un grifo de nuevo).

Todo este rollo viene a cuento de lo siguiente: los grifos monomando normales tienen una apertura de unos 90 grados: a la derecha del todo sale agua fría, y a la izquierda del todo sale agua caliente. Si tienes un monomando común, normalmente lo tendrás siempre colocado en la posición central (queda mejor estéticamente, es más cómodo y por tanto todo el mundo lo deja así de manera inconsciente). Esta posición es de agua “templada”, es decir, está mezclando agua fría y caliente. Esto significa que cada vez que lo abres para cualquier uso breve, estás gastando agua caliente y usando agua fría. Es decir, estás pagando y contaminando por algo que no estás usando realmente.

¿La solución? Los grifos de apertura en frío (o Cold Start, el término más sofisticado, que significa exactamente lo mismo). Es algo tan simple como girar el rango de apertura del grifo, de manera que en la posición central (donde lo deja todo el mundo) sale agua fría, y si quieres agua caliente tienes que llevarlo a la izquierda mucho más de lo normal. ¿El resultado? Que cada vez que lo abres sin pensar para usar agua fría, usas agua realmente fría. Si quieres agua caliente, tienes que llevarlo un poco más a la izquierda de lo habitual (esto no supone ninguna molestia, comprobado). Creo que se entiende mejor gráficamente:

Por darte algunos ejemplos, puedes ver aquí algunos grifos de este estilo: uno relativamente barato de Roca, otro más caro de Roca y otro de precio intermedio de Grohe.

Apertura en dos fases

Esto es algo que no me parece que aporte mucho en grifos de baño, pero sí creo que es relevante en el grifo de la cocina: en el fregadero, la tendencia habitual en muchas ocasiones es abrir el monomando a tope (por ejemplo, a la hora de aclarar los utensilios enjabonados), pero sin calcular realmente cuánto caudal de agua es necesario usar. Generalmente no es necesario usar todo el caudal y presión que llega a la casa, especialmente si el grifo tiene un buen aireador o perlizador (esto lo comentamos más adelante).

Aquí entran los grifos de apertura en dos fases: no te impiden abrirlos a tope, pero ofrecen una pequeña resistencia más o menos a mitad de apertura. Es decir, cuando lo abres sin pensar mucho, no llegas a abrirlo al máximo, y esto es suficiente en la mayoría de ocasiones: al final, puedes hacer lo que fueras a hacer perfectamente, pero usando un caudal menor (y por tanto consumiendo menos agua) de lo que usarías si el grifo se abriera a tope sin más.

Si realmente necesitas mucho caudal de agua o por algún motivo quieres más presión (por ejemplo, para esperar menos a la hora de llenar una cazuela), sólo tienes que hacer un poco más de fuerza para vencer la pequeña resistencia del grifo. Esto, al igual que en la apertura en frío, no es ninguna molestia en el uso diario y se traduce en una mayor consciencia del uso que se hace del agua. Y en una reducción del consumo de hasta el 50%, según afirman los fabricantes.

Si tu grifo de cocina está diciendo adiós a la vida, puedes plantearte alguno de estos grifos de apertura faseada: uno de Ramón Soler bastante bien de precio y otro de la misma marca algo más caro.

Reducción de caudal, aireadores y perlizadores

La reducción de caudal nunca me ha gustado, y de hecho es uno de los motivos por los que pensaba que los grifos con ahorro de agua eran una estupidez. Es decir, somos adultos como para gastar el agua que consideramos adecuada, ¿no? No se me ocurriría poner un grifo que hace que salga menos agua de la que quiero… pudiendo simplemente abrir menos el grifo.

Lo que sí veo muy útil es el uso de aireadores y perlizadores: son dispositivos mecánicos que mezclan el agua con aire, de forma que una cantidad menor de agua se extiende por una superficie mayor, y lava/aclara mucho mejor que un chorro potente pero muy denso. Una combinación de reducción de caudal con un buen grifo aireador puede ayudar también a ahorrar agua (aunque yo me limitaría a un buen aireador… y abrir el grifo lo necesario).

Otras soluciones

En el mercado existen un montón de soluciones para el ahorro de agua, como grifos temporizados, con detector de manos, etc. La verdad es que no pondría ninguna de estas soluciones en casa, aunque pueden ser muy útites en sitios de uso público. En este artículo tenéis un buen resumen de todas las opciones que existen en cuanto a ahorro de agua y energía.

Y por último, algo que no he sabido apreciar nunca son los grifos con termostato: ¿realmente merece la pena lo que cuestan? No acabo de ver la ventaja frente a un monomando, pero igual me equivoco… ¿los has usado? ¿Utilizas alguno de estos mecanismos de ahorro de agua? ¿Nos lo cuentas en los comentarios?

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