Mi experiencia sin usar champú

Cuenta la leyenda que una vez, hace mucho tiempo, estuve un año entero sin usar champú

Allá por 2014 estaba investigando alternativas más ecológicas y sostenibles a la cosmética convencional. Ya por entonces empezaba a oir que los productos habituales están cargados de aditivos con diferentes niveles de toxicidad, de los cuales no se tenía mucha información y que podían tener impactos negativos en la salud (alergias, en el mejor de los casos, pero cosas peores como disrupción del sistema endocrino, etc). Esto no aplicaba sólo al champú, sino a la infinidad de productos que la industria nos intenta vender como imprescindibles: cremas, mascarillas, desodorantes, perfumes y todos los potingues que se inventan cada año (aún me maravilla que todavía tengan más ideas para sacar como novedades en este campo).

Una alternativa obvia a estos productos convencionales es la cosmética ecológica, que utiliza aceites naturales y evita en la medida de lo posible los aditivos sintéticos más dañinos. Es todo un mundo, y además uno en el que merece la pena profundizar, pero tiene el inconveniente de ser con frecuencia mucho más caro (aunque no más caro que las marcas comerciales “de lujo”, que no aportan nada más allá de un marketing elaborado y una presentación muy cuidada).

Kaizen, la mejora constante

Porque, además de las máquinas de bebidas raras, los peinados absurdos de colores y los horarios de trabajo muy locos, los japoneses también inventan cosas interesantes.

Se han escrito ríos de tinta (electrónica) sobre el concepto de Kaizen desde que Ishikawa decidiera aplicarlo a los sistemas de producción allá por los años 50. El concepto, en su sentido más amplio, es anterior a Ishikawa, y básicamente consiste en tener siempre en mente la mejora y la optimización.

No es sorprendente que este concepto tenga unas raíces orientales, ya que uno de los pilares de la filosofía oriental es la idea del cambio continuo. El Budismo afirma que el mundo está en constante devenir, y que lo único inmutable es que nada permanece. En un entorno en que todo cambia, no tiene sentido aferrarse a métodos y procesos estáticos y anclados en el pasado. Es imprescindible revisar lo establecido, y adaptarlo si es necesario. Ése es el concepto de Kaizen: revisión y mejora, adaptación positiva al cambio.

La inflación del estilo de vida

O cuando te paras a mirar hacia atrás y ves que llevas una temporada haciendo el idiota y ni te habías dado cuenta… económicamente hablando. Sí, nos ha pasado.

Uno de los muchos beneficios de mantener un balance anual es que puedes tracear cómo evoluciona tu nivel de ahorro en el tiempo. Así fue como pudimos comprobar que habíamos ahorrado más o menos la misma cantidad durante los últimos 9 años. Qué bien, hemos conseguido mantener un nivel alto de ahorro durante ¡9 años! Un momento… pero la inflación en España está estancada hace tiempo. Y en los últimos años hemos ido aumentando nuestros ingresos (tampoco mucho, para qué nos vamos a engañar, pero debería notarse algo). Si ingresamos más pero ahorramos lo mismo, sin ningún cambio sustancial en nuestra vida… ¡Horror! ¡Hemos sido víctimas de la inflación del estilo de vida!

Ropa sostenible, reciclada, orgánica y ecológica – qué es, qué no es, y dónde la puedes encontrar

Desde hace algunos años estamos viendo aparecer montones de alternativas sostenibles y ecológicas en muchos sectores, y la ropa no es menos. Pero, al igual que en el resto de casos, los conceptos de ecológico, sostenible y saludable no están necesariamente relacionados. Como son conceptos un poco vagos, se prestan bastante a ser utilizados según para dónde sople el viento y a quién le interese. Así que, como siempre, lo más recomendable es entender bien qué tienes entre manos, qué garantías te da, y decidir en consecuencia.

Que hoy hablamos de trapos, vaya.

Lleva tu agua Contigo

Vale, igual se me ha ido un poco la mano con el juego de palabras.

El caso es que, en tiempos pre-Esencialistas, nunca se me hubiera ocurrido salir de casa cargando con una botella de agua. En los lugares por los que nos movemos casi siempre existe la posibilidad de comprar una botella en cualquier sitio, o entrar en alguna cafetería y tomar algo. En los casos en los que íbamos al campo, en vez de llevar una cantimplora, comprábamos una botella grande de litro y medio en una gasolinera y listo (y así la llevábamos fresquita).

Sin embargo, cada vez hay más gente llamando la atención sobre el impacto ecológico de las botellas de plástico de un solo uso, y sobre lo caro y poco sostenible que es el agua mineral embotellada (sin aportar gran cosas en cuanto a calidad con relación al algua del grifo, al menos donde vivimos nosotros). Si el agua no es buena donde vives y necesitas comprar agua embotellada, en cualquier caso, por el mismo precio que una botellita de medio litro en la calle puedes comprar una bombona de 5 litros en el supermercado.

Por otro lado, también se pone en duda la seguridad de los plásticos de los envases, incluso los destinados al uso alimentario. ¿Es realmente saludable beber agua embotellada? En principio, los envases de plástico deberían ser seguros, al menos los que no llevan Bisfenol A (BPA), pero incluso las botellas de agua mineral, cumpliendo todas las normativas existentes, tienen componentes tóxicos que hay quien prefiere evitar. En cualquier caso, está desaconsejado usarlas más de una vez.

Pensando en el ahorro en términos de Interés Compuesto

Una creencia común -y errónea- es que la clave para tener un nivel alto de ahorro es tener un nivel alto de ingresos. Evidentemente, las dos cosas están relacionadas, pero ganar mucho no es condición suficiente para ahorrar mucho. Y de hecho ni siquiera es tan relevante como se suele pensar.

A la hora de la verdad, un factor tanto o más importante que los ingresos son los gastos. Y además, es un factor sobre el que tenemos mucho más control. Incrementar los ingresos siempre será positivo, pero en realidad es más importante saber ahorrar (y, sobretodo, saber sacarle una buena rentabilidad a lo ahorrado).

Dicho de una manera más simple: por mucho dinero que ganes, si lo derrochas en tonterías no llegarás nunca a acumular lo suficiente como para ser financieramente independiente. Sin embargo, unos ingresos relativamente bajos pero bien gestionados pueden dar lugar a unas rentas más que significativas, si sabes cómo hacer que generen el máximo interés posible.

Posts recomendados – Enero 2019

Corazón

Como cada mes, aquí van una recopilación de los posts (relacionados con el tema que nos ocupa) que más nos han gustado a los Esencialistas, y que te recomendamos leer:

 
¿Nos recomiendas tú algún artículo? ¡Compártelo en los comentarios!

Qué es un balance anual y por qué deberías tener uno

Como comentábamos en un artículo anterior, 2018 fue un año de gastos desbocados. Al comparar el balance anual de ingresos y gastos con el de otros años, y teniendo en cuenta las circunstancias especiales de cada uno (años con gastos en alquiler, años con gastos extraordinarios en viajes, años con gastos de tareas externalizadas…), me sorprendió mucho ver el nivel de gasto que teníamos a lo largo de la última década. Y eso teniendo en cuenta que en principio llevamos una vida de ahorro, minimalismo, sostenibilidad y, en definitiva, de Esencialismo.

Sin entrar a revisar las cuentas al detalle, se me ocurrió hacer una encuesta entre la gente cercana en situaciones parecidas, para comparar cuál es el gasto de una familia con nuestras circunstancias. Y <modo clickbait ON>… el resultado no te dejará indiferente.

Objetivo para 2019: gastar menos

En Esencialistas compartimos totalmente el propósito de año nuevo de Dilbert de no tomar decisiones importantes sobre la vida basadas en fechas aleatorias del calendario. Sin embargo, y haciendo una excepción, este año hemos decidido hacer un esfuerzo por reducir el gasto anual.

El motivo es que, al revisar el balance de 2018 (si no llevas un balance de este tipo, sin duda deberías llevarlo – ¡pronto tendremos un post dedicado a este tema!), el gasto se disparó el año pasado y el ahorro se nos vino abajo. En parte debido a cambios sustanciales en nuestra vida (casa nueva, algunos meses de excedencia, muchos pañales que comprar), pero una buena parte viene de gastos relativamente intrascendentes que, sumados, dan lugar a la catástrofe.

Cualquier aspirante a la independencia financiera que se precie sabe que tener el gasto controlado es una parte imprescindible del camino, y no únicamente tener unos ingresos elevados. Pese a lo que piensa la mayoría de la gente, los ingresos son relevantes sólo hasta cierta cantidad (evidentemente, si vives con salario de subsistencia no podrás nunca acumular lo suficiente como para obtener ingresos por rentas, pero ese mínimo es mucho menor de lo que se cree). Tener unos gastos reducidos contribuye en gran medida al ahorro que te lleva a ser financieramente libre (hablaremos más sobre este tema en un futuro cercano).

Y dicho esto, vamos al lío: